Y estas, como todas, también van a pasar, y pasadas porque no hay fecha que no se cumpla, es imperativo hacer un balance de qué nos dejó para nuestra salud física, mental, y social, y para el relacionamiento humano su desarrollo.
Estas elecciones del 31 de mayo del 2026, con toda la carga emocional y sentimental que generan y que se nos ha venido acumulando proceso electoral tras proceso electoral, hoy por la evolución, transformación y cambios significativos del comportamiento humano que estamos experimentando, sobrellevado en parte por la influencia de las redes sociales y sus actores llamados influencers, ‘bodegas’, líderes de comunicaciones y ‘los infiltrados’ creando fake news, o argumentos falsos, o datos distorsionados y mentirosos y hasta creando escenas y voces suplantadas, estamos viviendo momentos difíciles en lo familiar, social y políticamente.
Lamentable la distorsión de realidades y generación de confrontaciones intrafamiliares, entre amigos y conocidos y con el ‘resto de la humanidad’ cuyo origen son los desacuerdos en las campañas; también los disgustos que se dan con quienes no estemos de acuerdo, o no acompañemos a quien o quienes ellos creen que debemos acompañar, o porque se debiera votar por el que uno quiere o ellos quieren, si no son nuestros enemigos, o se pierde o se disminuye la consideración, así sean nuestros vecinos de mucho tiempo.
Todo esto esta produciendo, de manera diferente pero no nueva, actitudes reactivas, malquerencias, inconformidades y hasta cambios de personalidad en algunos que los lleva a buscar hasta el momento para ‘cobrársela al otro’, “para sacarle los trapitos al sol”, para ofenderlo y hasta afirmarse uno internamente “no es que me alegre, pero me corre un fresco lo que le pase, o le pueda pasar o le haya pasado al otro y que le cause o incomodidad, malestar, agravio y hasta dolor”.
A ese nivel estamos ya, y porque conozco la naturaleza humana de nuestra gente, me atrevo a afirmar que esos comportamientos políticos o electorales, muchos son transculturizados, o sea, comportamientos importados, tomados de otras idiosincrasias y de otros rasgos culturales. No quiero decir con esto que nosotros seamos ‘angelitos o miembros de la comunidad de las hermanitas de la caridad’ y que no tengamos “nuestras propias creaciones y nuestros propios pecados”, pero debe recordar mucha gente de nuestro pueblo y de nuestra región, adultos mayores y adultos jóvenes, que no éramos así: nosotros no pasábamos de un letrero pugnaz en una pared, de una canción, que ahora se llama jingle, sin alusiones vulgares ni incriminadoras, y lo más provocador eran unos pasquines. Todo eso se modernizó y la tecnología hizo lo suyo para llegar donde hemos llegado en materia de propaganda política agresiva y lesiva; pero no somos los auténticos creadores de esa sarta de antivalores que predominan en estas campañas, y digo muy preocupado que así como es la campaña de presidente en estos momentos, guardando las proporciones, así se están dando las circunstancias al elegir Juntas De Acción Comunal, concejales, alcaldes, gobernadores, parlamentarios, y ojala no se contaminen las elecciones de los niños de los colegios. ¡Qué lástima!
Y todos esos procederes y conductas inapropiadas, belicosas y provocadoras están colmando en estos momentos la copa de la intolerancia, de la antisolidaridad, del odio, sed de venganza y la del irrespeto; y esas manifestaciones están profundizando las brechas de resentimientos y animadversiones que ahora modernamente le llamamos polarización, pero originalmente, llamando las cosas por su nombre o como ve uno que se dan, son abominaciones subliminales, deseos ocultos de eliminarte a través de mentiras y calumnias, y el que pueda causar una lesión física, incluida la muerte, lo hace.
Traigo a colación un comentario que me hicieron comparando lo que se está viviendo en materia de comunicaciones, redes sociales y relacionamiento humano, gestado por las campañas electorales, incluso, en nuestro pueblo y en nuestra provincia, “que las heridas causadas por el comportamiento que hemos adoptado, heredado, o lo que es peor y más doloroso al decirlo, el que hemos construido desde nuestras vísceras, desde nuestros resentimientos, emociones y sentimientos negativos, es lo más parecido a un campo de abrojos y ortigas venenosas por donde obligatoriamente tenemos que pasar, y el producto final de esa travesía son malévolos deseos de llevarnos por delante amigos, vecinos o familiares que no compartan nuestros pensamientos.
Amigos que me dan el honor de leerme, créanme que me produjo profunda desazón usar todos estos adjetivos y esta narrativa depredadora que se vive en redes sociales y que hace añorar esos tiempos de campañas en nuestros pueblos con respetuoso perifoneo con mínimas excepciones de exaltación,campañas en los barrios con ambientes festivos, tertulias esquineras que en los pueblos llamaban como alegoría ‘Senado’ donde se podía opinar libremente y no se pasaba de una ofuscación pero no insultos o calumnias para agredir.
Añoramos ahora a todo nivel, principalmente a nivel nacional, el debate franco y dialéctico que generaban esperanzas porque muchos planteamientos, así fueran promesas, se veían factibles. Los candidatos dábamos a los seguidores y activistas argumentos e ideas para defender nuestras tesis y lo hacían con pasión, pero no con odio ni discurso ofensivo ni destructor de honor, de buen nombre ni de la moral de las personas ni de sus familias.
A todos: las campañas pasan y duele recordarlo, pero un buen vecino es igual o mejor a veces que un hermano. Las familias y los familiares no solo somos unidos por la sangre, debemos mantenernos hermanados por el amor filial, la consideración y la solidaridad.
Mi plegaria: siempre que terminen las campañas, que se recupere la voluntad de servir, los que la hayan perdido y el don de amarnos los unos a los otros.
Que el primer acto filial después de la campaña sea reconciliación donde sea necesario, y recuperación y fortalecimiento del sentimiento de respeto guardando las jerarquías, pero que esto se asuma con sinceridad y con la seguridad de no repetición de la falta o la desviación del buen comportamiento que se haya dado.







