La solidaridad está muy claramente definida: una de las acepciones expresa, que es un valor fundamental que consiste en ayudar a los demás en momentos difíciles.
El 10 de agosto del año 2026, nos puso a prueba la naturaleza nuevamente a través de un devastador terremoto.
Para enfrentar el impacto social, económico, sociológico, humanitario y de vulnerabilidad y daño a la infraestructura de bienes y servicios de esos territorios, están establecidos en todo el mundo, liderado por la ONU, y obviamente en Colombia, los protocolos, guías y procedimientos para la Atención de Emergencias y Desastres,
Ahí están plasmadas por etapas, las responsabilidades, el tipo de respuesta, los tiempos en que deben cumplirse esas etapas y otras actividades cuyo propósito es salvar vidas, dar respuestas humanitarias y diseñar el plan para hacer la reconstrucción.
Cada etapa tiene su inicio y su final, y cada actividad su espacio, por lo tanto, no se puede condenar una dinámica establecida ya, a padecer el rigor del inicio cuando le corresponde el final, y viceversa; o suprimir, cambiar o postergar lo esencial de cada etapa o actividad si hay un orden, una planeación y unos protocolos que permiten ejecutar bien lo planeado, sin perjuicio de los innegociables técnicos y humanos de cada etapa.
Todo lo anterior lo he querido describir para ayudar a comprender que todo tiene su orden, su planeación y sus efectos, pero si se tratara nuestra celebración de un manojo de agravios o desdén contra esa tragedia humanitaria, esa embestida no podría estar por encima de la solidaridad con esas circunstancias dolorosas y lastimeras que golpean los sentimientos y valores de pueblos hermanos, y mucho menos, si ofenden el presente y la memoria de esas comunidades, o a sus tradiciones y creencias, por lo tanto, en nuestro caso en Villanueva, a pesar de las consecuencias del desastre natural que ha padecido Colombia, realizar el Festival Cuna de Acordeones en la fecha ya prevista con antelación, 16 al 19 de septiembre y en el mes tradicional del evento, no estamos dejando de ser solidarios, empáticos, condescendientes y espiritualmente desunidos con los pueblos y territorios que han sufrido ese embate natural.
Ante esa celebración, no quiere decir que el corazón de los villanueveros no esté de lado de los hermanos colombianos y residentes en esos departamentos, ciudades, pueblos y veredas; no quiere decir que al hacer un festival 40 días después de ocurrido ese desastre sea para regocijarnos por lo acontecido: ¡No y no!
Tampoco hacer el festival nos va a borrar de nuestras mentes y de la historia ese desastre, así como no olvidaremos jamás la toma del Palacio de Justicia, el desastre de Armero, la tragedia de Bojayá y el 7 de diciembre de 1998 en Villanueva, La Guajira.
Colombia y Villanueva somos un pueblo resiliente, que aprendimos a gestionar el dolor que nos han causado tantas desgracias que lo primero que fortalecimos fue el respeto y la consideración por el ser humano, por el dolor ajeno, por las condolencias y por los acontecimientos luctuosos, pero también hemos mantenido incólume nuestro espíritu de pueblo alegre con majestad, nuestros valores cristianos y humanos y nuestro don de ser solidarios siempre, y que ha sabido hacer lo que tiene que hacer cuando debe hacerse, y esta no es una oportunidad diferente, la de celebrar el Festival Cuna de Acordeones 2026 con las mismas consideraciones humanas, los mismos valores folclóricos y sociales, y sin faltarle al dolor, a la tristeza y al sufrimiento de los pueblos hoy golpeados por un desastre natural.
Esta referencia que voy a comentar ahora, nos puede ayudar a plantearnos como la dinámica de un pueblo y su historia no se deben alterar, en este caso, al ritmo de los acontecimientos técnicos, administrativos y humanos que tienen las etapas de la atención de emergencias y desastres.
Ojo a estos tiempos. Las etapas de búsqueda y rescate, ayuda humanitaria y reconstrucción pueden durar hasta años, entonces, no debe ser insolidario que, por respaldo sentimental, guardemos nosotros consideración un mes, y además, se ha ayudado para los momentos difíciles.
Miren, en cuanto a gestión de solidaridad: la Alcaldía municipal de Villanueva en sinergia con instituciones de educación del pueblo, solicitó a la comunidad ayuda humanitaria para enviar a las zonas de desastres.
Grupos de oración y otras comunidades religiosas han hecho acciones que agradan a Dios para que proteja a esos hermanos.
En cuanto al alistamiento de la tarima, la Alcaldía municipal solicitó el apoyo a la Gobernación departamental para subsanar lo de este sitio, amén de otras gestiones por parte de los Directivos de la Fundación Cuna de Acordeones en el mismo sentido.
Entonces, sin ser esas acciones las que van a eliminar las necesidades del desastre, cumplimos humildemente. Y la gestión administrativa local está adelantada.
No podemos someter el desarrollo del Festival Cuna de Acordeones ni consagrarnos al luto inhibidor de nuestras tradiciones, de nuestros valores folclóricos, y a girar la historia misma de Villanueva, ni ir a alterar una planeación, unas programaciones teniendo plena conciencia que no ofendemos, que no somos insolidarios, que no nos vamos a alegrar ni a festejar por lo ocurrido en esos pueblos hermanos.
La activación de la economía la necesitamos. La presencia de personalidades tiene mucha importancia y queremos que puedan asistir, pero necesitamos más a los actores y principales cultores y defensores de la música vallenata como son: los acordeoneros, cajeros, guacharaqueros, compositores, repentistas para preservar y defender la música vallenata en uno de los momentos más difíciles folclórica y culturalmente que atraviesa esa manifestación, y necesitamos a los amigos de las danzas y otras manifestaciones culturales con su bondad y su corazón puesto en sus tradiciones y saberes para hacer más grande nuestra ancestralidad porque la grandeza del Cuna de Acordeones es que somos el festival que más y mejor defiende la autenticidad, la juglaría y el carácter vernáculo de ella.
Apoyamos la celebración del Festival Cuna de Acordeones tal como está planeado y organizado para septiembre del 2026, con la expectativa que la Fundación va a fortalecer en este mes que falta todo su andamiaje funcional y el resto de interacciones institucionales.
El más grande y mejor acordeonero del mundo, el villanuevero Israel Romero Ospino, tendrá su merecido homenaje en su pueblo natal del 16 al 19 de septiembre del 2026.
P/D: Qué motivante y esperanzador es poder debatir con altura y villanueverismo cualquier tema, pero principalmente los que atañen a Villanueva.








