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La época del oscurantismo

Por: Hernán Baquero Bracho
julio 2, 2021
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Así como La Guajira tuvo en los 80 su época dorada, en los finales del siglo XX y en los inicios del siglo XXI tuvo la época del oscurantismo. Fue una época donde se dieron los mayores actos de corrupción y los más sonados a nivel nacional. Fue la época en que la institucionalidad fue secuestrada por el paramilitarismo y la guerrilla tenía azotada a toda la población, donde los secuestros eran el pan de cada día, los retenes y asesinatos se daban especialmente en el sur de la península y en el área de influencia de la Sierra Nevada de Santa Marta. Fue la época de las extorsiones masivas y del éxodo de guajiros de bien a otras regiones de la patria.

Esta época se convirtió para la democracia en confusión, donde los derrotados en las urnas se convirtieron en malos perdedores y las altas instituciones electorales comenzaron a vivir sus mejores épocas por sus fallos en la mayoría de los casos “amañados” y se dieron el lujo hasta de cambiar de jurisprudencia. 

Gobernadores elegidos popularmente y a través de esos fallos fueron “quitados” cambiando la voluntad popular, gobernadores con alto índice de corrupción, capturados, encarcelados y juzgados por malversación de fondos públicos y contrataciones irregulares. Alcaldes destituidos por pruebas contundentes con actos de corrupción con dineros públicos. Funcionarios nombrados en la red hospitalaria bajo la presión de los paramilitares y bajo la disposición de ellos, bajo la complicidad de todas las autoridades. De igual manera los mismos paramilitares manejando a su antojo las arcas municipales de varias dependencias del ente territorial y en otros municipios se vivió bajo el terrorismo de las Farc, las bombas eran el pan de cada día. Como lo expresara el juglar villanuevero Emilianito Zuleta Díaz en su canción inmortal que ganó el premio Rey de Reyes en la canción inédita, en el festival de la leyenda en Valledupar: “Aquí nadie respeta a nadie”, los fusiles mandaban y la ciudadanía estaba secuestrada en varios de los municipios del departamento de La Guajira.

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Fue el derrumbamiento de los liderazgos. El dinero comenzó a imponerse en todos los frentes y no ha cesado. La inversión de valores comenzó a tomar forma y hoy está en el punto más alto de la cresta de la institucionalidad, de la cotidianidad, la intelectualidad fue mandada al baúl del olvido. La mediocridad y la imbecibilidad comenzaron a reinar en los cuatro puntos cardinales de la geografía guajira. La calidad educativa logró su peor nivel: Los últimos años en la escala nacional. El sector agropecuario cayó en el punto más bajo. El desempeño fiscal fue mandado al carajo, por los mandatarios municipales. El desempleo logró su punto más alto. La economía creció por las regalías del carbón y el gas, pero en la realidad no se vio esa prosperidad, al contrario, la mala calidad de vida aumentó de manera desproporcionada. La pobreza y la indigencia ocuparon los primeros lugares dentro del rango a nivel país y no ha bajado. De igual manera la desnutrición y la mortalidad infantil ocuparon y siguen ocupando los primeros lugares, cosa que todavía no ha mermado.

Los alcaldes municipales comenzaron a hacerse elegir no para beneficiar la comunidad, sino para beneficiarse ellos mismos. La ambición por los dineros públicos no la ocultaban para nada y ese virus todavía sigue haciendo mella en la mayoría de los municipios guajiros. Para ellos –los mandatarios municipales– “el botín” era y continúa siendo su objetivo para devorar de manera inclemente e impía el presupuesto de sus municipios. Los órganos de control se convirtieron en los alcahuetas de los funcionarios públicos y en alcabalas de esos mismos presupuestos municipales. La mediocridad comenzó a reinar y estamos lejos de destronarla. La moral y la ética comenzaron a ser motivo de burla y ya no estuvieron más presentes en la cotidianidad del pueblo guajiro.

Con esta época se dio inicio al colapso que está sufriendo La Guajira en todos los frentes. El tsunami ha llegado: Los liderazgos desaparecieron, de igual manera la lealtad política es cosa del pasado, las ambiciones por el erario aumentaron de manera significativa. Los gobernantes comenzaron a apostarle al baloto de los presupuestos de La Guajira y de sus municipios, ya no solo a nivel departamental sino dirigentes siniestros del orden nacional. 

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