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El arte de gobernar es el arte de administrar vidas

El Estado colombiano debe garantizar el desarrollo humano de las personas

Por: Rafael Humberto Frías
septiembre 23, 2025
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El arte de gobernar es el arte de administrar vidas
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Todo ciudadano colombiano que tenga aspiraciones de gobernar en cualquiera de los niveles del Estado, sea nacional, departamental o municipal, debe tener bien claro que el arte de gobernar es el arte de administrar vidas. Lo digo porque Colombia es un Estado Social de Derecho, según lo establece la Constitución Política de 1991, en su artículo 1.

Lo anterior significa que el Estado colombiano, además, de estar sometido al imperio de la ley, debe garantizar el desarrollo humano de las personas, la dignidad, la igualdad, el trabajo, y que prevalezca el interés general, por encima del interés particular, impulsando y promoviendo los derechos sociales.

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Todo lo dicho entre otras cosas, deja claro que quienes administran la nación, un departamento o un municipio en Colombia, están administrando la vida de los ciudadanos en todas las dimensiones del desarrollo.

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“Quien manda, manda, aunque mande mal, dice un viejo adagio popular”, pero atendiendo la responsabilidad misional de un gobernante todas las políticas públicas y sus acciones de gobierno, deben ir dirigidas a mejorar la calidad de vida, el desarrollo humano y a satisfacer las necesidades básicas insatisfechas de sus gobernados. Es decir, las decisiones de un administrador deben orientarse hacia la prosperidad de la población y el progreso de los territorios en pleno equilibrio y armonía con la naturaleza y el ambiente.

Quienes aspiran dirigir los destinos de la nación o sus entidades territoriales deben tener una causa motivadora que los inspira a ser protagonistas de administrar vidas desde la gobernanza. Algunos tuvieron como musa inspiradora la seguridad democrática, otros, la paz y también hasta la cultura ciudadana, fue motivo de inspiración.

Hoy nuestra nación y sus territorios necesitan cerrar las brechas sociales que nos separan considerablemente de los demás países de Latinoamérica. Necesitamos incursionar con mayor énfasis en la onda de la ciencia, la tecnología y la innovación y en la era de la inteligencia artificial. También se requiere una lucha frontal contra la pobreza y combatir el hambre y la inseguridad alimentaria y nutricional.

Nuevamente se requiere fortalecer la política pública de seguridad ciudadana y reactivar la economía y el empleo digno y decente. La conciencia de nuestros gobernantes del rol protagónico que les asigna la Constitución y la Ley con la elección popular de administrar nuestras vidas desde los palacios de gobierno es muy importante para el presente y futuro de la nación.

Administrar vidas es la más importante de las responsabilidades que se le haya asignado a mortal alguno desde la perspectiva del desarrollo humano de la población. Administrar vidas es aportarle a tener un país sano y educado, donde todos vivamos en paz y armonía con el ambiente y nuestro entorno. Administrar vidas es visionar el futuro del país, planificarlo e intervenirlo para que las próximas generaciones no padezcan las mismas necesidades de hoy.

Administrar vidas es el reto de sacar un país del caos para enrumbarlo hacia un orden justo. Pero se necesitan políticas de Estado que realmente trasciendan a los periodos de gobierno de los mandatarios de turno porque los problemas y las necesidades de la población van más allá de cuatro años y hay programas, políticas y proyectos que requieren continuar.

Igualmente, se necesita descentralizar el país y gobernar desde los territorios en articulación del presidente con alcaldes y gobernadores para poner a caminar las leyes y que no se queden como letras muertas o decálogo de buenos deseos. Del mismo modo, los ciudadanos también necesitan ser protagonistas y parte activa de las políticas públicas que rigen su vida y estas también deben formularse y estructurarse desde las regiones y los territorios y no desde el frío del Páramo de las Papas.

Pero algo bien importante para destacar en esta política de administrar vidas desde el gobierno, es que quienes gobiernan tengan claro que Colombia, nuestro país, es una nación de regiones, multiétnica y pluricultural donde sobreabunda la diversidad y los enfoques de administrar deben ser diferenciales y no con igual racero para todos. Así mismo, resaltar que no es lo mismo administrar la vida citadina que la extensa ruralidad colombiana en las 16 subregiones y los 170 municipios que fueron víctimas del conflicto armado colombiano, y que esperan la redención y la reivindicación del Estado.

Gobernar es educar, es sanar, es cerrar brechas, es sanar heridas de un pueblo que ha vivido en la desesperanza y al cual no le cesa la horrible noche.

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