Un operativo conjunto entre el Gaula de la Policía Nacional y el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) permitió desarticular una sofisticada red de extorsión que operaba desde el pabellón seis de la cárcel La Picota, en Bogotá. El hallazgo reveló la existencia de un verdadero “call center” criminal, desde donde internos engañaban a sus víctimas haciéndose pasar por autoridades judiciales.
Durante la diligencia, las autoridades incautaron 40 teléfonos celulares, muchos de ellos etiquetados como “cabina” u “oficina”, simulando una estructura organizativa similar a la de un centro de atención. También encontraron 60 tarjetas SIM, usadas para evadir los sistemas de rastreo, 30 cargadores, 15 cables USB, armas cortopunzantes, además de licor artesanal y estupefacientes. Lo más llamativo fue la aparición de cinco libretos manuscritos con guiones detallados para manipular a las víctimas durante las llamadas.
Según la investigación, los reclusos se hacían pasar por fiscales, investigadores del CTI, jueces o policías, e intimidaban a sus víctimas con montajes legales ficticios, como órdenes de captura o procesos penales inexistentes. La presión ejercida por estos actores criminales llevaba a los afectados a realizar pagos por transferencias bancarias, consignaciones o plataformas digitales, sin saber que estaban siendo engañados desde una celda.
Las ganancias de esta red superaban los 250 millones de pesos mensuales, consolidándose como una de las operaciones de extorsión carcelaria más lucrativas del país. Lo más alarmante es que, según cifras entregadas por el Gaula, el 45 % de las 764 denuncias de extorsión recibidas este año tienen como origen llamadas desde centros penitenciarios, lo que pone en evidencia la vulnerabilidad de las cárceles y la falta de control efectivo sobre los internos.
El hallazgo en La Picota reabre el debate sobre la corrupción dentro del sistema carcelario, la circulación de elementos prohibidos en las celdas y la necesidad urgente de una reforma estructural que impida que estos centros se sigan convirtiendo en oficinas del crimen.








