Aunque muchos reconocen a Nicolás de Federmann, la nueva historia defendida por Benjamín Espeleta, asegura que esta ciudad del Caribe, fue fundada por pescadores de Cubagua, que arribaron desde el Cabo de la Vela, y se establecieron a orillas del río de La Hacha, en busca de perlas, un 14 de septiembre de 1.545.
Hoy esta añeja ciudad, llega a sus 481 años de erigirse como un pequeño poblado. Pese a su mayoría de edad, aun no se logra consolidar como una urbe desarrollada. Antes, por el contrario, carecemos de todo.
La pregunta que se hacen quienes llegan por primera vez a visitarla, parece obligada: ¿cómo es posible que una ciudad con casi cinco siglos de historia continúe enfrentando problemas que otras capitales resolvieron hace décadas?
Riohacha no es una ciudad cualquiera. Su historia está ligada a los primeros procesos de poblamiento del Caribe colombiano, a la economía de las perlas, a las luchas indígenas y a la construcción de una identidad que hoy reúne a los wayuú, afrodescendientes, mestizos y ciudadanos llegados de distintos lugares. Es una ciudad que resistió ataques, incendios y dificultades, y que se convirtió en la puerta de entrada a La Guajira.
Mientras celebramos sus atardeceres, su cultura, sus playas y la grandeza de sus personajes, la realidad cotidiana de muchos riohacheros sigue marcada por la falta de agua potable, el deterioro de las vías, las deficiencias del saneamiento básico, los problemas de energía, la inseguridad y la escasez de oportunidades para los jóvenes.
Los líderes tradicionales de Riohacha tienen una deuda histórica con sus habitantes. No es justo que una capital departamental continúe siendo mirada como una de las ciudades más atrasadas del país, cuando tiene una ubicación estratégica, un patrimonio cultural extraordinario y un potencial turístico, comercial y económico que no ha sido aprovechado plenamente.
Riohacha necesita algo más que celebraciones, desfiles y anuncios. Necesita una transformación urbana y social que se pueda medir en calles pavimentadas, agua permanente, tratamiento de aguas residuales, servicios públicos dignos, educación de calidad, empleo y seguridad.
La ciudad no puede seguir dependiendo de la improvisación ni de los proyectos que cambian con cada Gobierno. Requiere una hoja de ruta de largo plazo, con participación ciudadana, control político y resultados verificables.
Este aniversario debe ser una oportunidad para mirar hacia adelante. La Riohacha de 1545 fue capaz de levantarse frente a las dificultades. La de 2026 también puede hacerlo.
Pero para eso se necesita voluntad política, liderazgo, inversión y, sobre todo, amor verdadero por la ciudad.
Feliz cumpleaños, Riohacha. Que tus 481 años no sean solamente una celebración de lo que fuiste, sino el comienzo de lo que mereces ser.