Editorial Diario del Norte
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Ahorro utópico en tiempos de El Niño

Ahorrar energía es una responsabilidad de todos. Nadie puede oponerse a una medida que busque evitar un desabastecimiento eléctrico durante un fenómeno de El Niño. El problema está…

Ahorrar energía es una responsabilidad de todos. Nadie puede oponerse a una medida que busque evitar un desabastecimiento eléctrico durante un fenómeno de El Niño. El problema está…

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Ahorrar energía es una responsabilidad de todos. Nadie puede oponerse a una medida que busque evitar un desabastecimiento eléctrico durante un fenómeno de El Niño. El problema está en pretender que todos los colombianos pueden ahorrar de la misma manera, como si las condiciones climáticas fueran iguales en todo el territorio nacional.

La nueva propuesta de la Creg parte de una lógica aparentemente sencilla: quien reduzca su consumo puede recibir un beneficio económico, mientras quien aumente significativamente su demanda podría terminar pagando más.

Pero esa fórmula, que puede parecer razonable detrás de un escritorio en Bogotá, enfrenta una realidad completamente distinta cuando llega al Caribe.

En La Guajira, Magdalena, Atlántico y buena parte de la Costa, las temperaturas pueden superar los 35 y 40 grados. Aquí el ventilador no es un artículo de lujo. En muchos hogares es una necesidad. Y para quienes tienen posibilidades económicas, el aire acondicionado tampoco representa simplemente comodidad: durante las horas más intensas del calor se convierte en una herramienta para soportar las condiciones climáticas.

Por eso resulta difícil decirle a una familia caribeña: consuma menos energía para que le llegue una rebaja en la factura.

¿Qué apague el ventilador? ¿Qué desconecte el aire acondicionado? ¿Qué soporte el calor mientras otros, en regiones de clima frío, pueden vivir buena parte del día sin utilizar ninguno de estos equipos?

Esa es precisamente la inconformidad que está creciendo entre los usuarios: la política puede ser nacional, pero el sacrificio no es igual para todos.

Mientras en algunas zonas del interior del país las bajas temperaturas permiten vivir tranquilamente sin ventiladores ni aire acondicionado, en el Caribe el consumo eléctrico está directamente relacionado con las condiciones ambientales. No se trata necesariamente de despilfarro. Muchas veces se trata de supervivencia frente al calor.

Y existe otra preocupación que no puede ser ignorada.

Usuarios de La Guajira sostienen que cuando una factura registra una disminución importante, posteriormente pueden aparecer revisiones del medidor, desmontes y reclamaciones por supuestas fallas técnicas, acompañadas de cobros de diferencias de periodos anteriores. Si esa percepción está ocurriendo, debe ser investigada y aclarada por las autoridades.

Porque se produciría una contradicción monumental: el Gobierno le pide al ciudadano que ahorre, pero el ciudadano teme que cuando ahorre demasiado su consumo termine siendo considerado sospechoso.

Así no se construye confianza.

La Creg debería revisar el mecanismo desde una perspectiva verdaderamente regional. No es lo mismo ahorrar energía en una ciudad fría del interior que reducir el consumo en Riohacha, Maicao, Barranquilla o Valledupar durante una temporada de temperaturas extremas.

El Caribe no está pidiendo privilegios. Está reclamando que se reconozca su realidad.

El ahorro debe estimularse, sí, pero con criterios de equidad territorial, transparencia en la medición y garantías para el usuario.

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