Definitivamente el proceso del conocimiento en lo teórico y en lo empírico es inagotable. Los recientes acontecimientos político electorales en los que estuve inmerso, y que recientemente culminaron, y cuyos resultados tuvieron como colofón una decisión contraproducente con relación a postulados ideológicos del Pacto Histórico, dejaron aleccionadoras enseñanzas y reflexiones. Lo contraproducente alude a lo que se esgrime como principio: el respeto a la autonomía territorial, refutadas en teoría, por su práctica consuetudinaria por partidos tradicionales. En este caso se incurrió flagrantemente en ese habito. Se irrespetó un proceso electoral y un ejercicio organizativo, electoral y pedagógico local. Proceso que demandó a quienes ilusa y románticamente fungimos como precandidatos: tiempo, dinero, recursos logísticos y hasta supuestas amenazas a la integridad física. A los dirigentes y militantes de los distintos Nodos Municipales les implicó un esfuerzo y les generó expectativas en torno a sus potenciales representantes. Obviamente, los cuadros regentes locales dieron ‘papaya’. Camorras y viejas rencillas entre actores políticos alternativos locales se tradujeron en ausencia de un sólido y consensuado Pacto Histórico, lo que a su vez se tradujo en la trasgresión involuntaria o ¿voluntaria? del principio de autonomía territorial por las instancias orgánicas centrales, plácida y arrogantemente instaladas en Bogotá. Obviamente con absoluto desconocimiento de la realidad local, terminaron conformando la lista a Cámara por La Guajira.
En los prolegómenos del proceso se apeló a postulados donde supuestamente: hojas de vida, trayectoria y demás factores relevantes serian determinantes en la selección. Criterios plausibles borrados de un plumazo, dando paso a una realidad cruda y descarnada en la que salieron a flote mezquindades, vilezas e intereses sectarios; los cuales emergen en la puja por el poder, independientemente de ideologías políticas subyacentes. No interpretaron el verdadero sentido del Pacto Histórico. Como consecuencia, se desató un feroz canibalismo político-electoral entre sectores alternativos departamentales. Se le cedió a Bogotá nuestra potestad de elegir y ser elegidos. Nuestra letanía no va dirigida a objetar al novel Lobo, prometedor, inteligente, enhiesto y digno dirigente juvenil; en lo personal profeso admiración por los lozanos líderes de la huelga de hambre. Mi cuestionamiento está dirigido al método, a la forma absolutamente controvertible como fue impuesta su aspiración. Beneficiario inconsciente de las circunstancias. Su aspiración surgió repentina y accidentalmente en ese ‘juego local por el poder’, que ocurre “hasta en las mejores familias”. En ese escenario salieron a relucir avaricias, intereses particulares y personales por parte de determinados ‘líderes alternativos’ que derribaron la estantería supérstite del Pacto Histórico en el Departamento.
Primó, tal como es tradicional en la izquierda colombiana, el sectarismo. Estuve tentado a retirarme en varias ocasiones, ya que logré arribar a la conclusión de que política y academia riñen, son espacios contradictorios. Lo vivido me lo reconfirma.







