Comencemos este artículo con una pregunta: ¿Qué es lo que convierte en valioso a un trabajo elaborado por un ser humano? No creemos que haya una razón única y, por el contrario, en una obra maestra concurren características especiales que establecen diferencias notorias con las comunes.
El 13 de diciembre de 1913 se produjo el rescate de la Gioconda o Mona Lisa, el famoso cuadro que Leonardo Da Vinci pintó entre 1503 y 1506. El robo, en su momento, causó revuelo. En el hecho se vieron involucrados dos personajes destacados del arte: Picasso y el poeta Guillaume Apollinaire. Como en todo episodio significativo en la historia, las versiones fueron muchas, pero la realidad, una sola: el famoso cuadro había desaparecido. Investigaciones de la época dejaron en claro que el ladrón material se llamaba Vincenzzo Peruggia, italiano. El 21 de agosto de 1911 Peruggia solo necesitó una bata blanca, que era el uniforme de los copiadores que acudían al museo de Louvre para hacer imitaciones de las grandes obras. Estuvo acompañado por los hermanos Vicente y Michele Lancelotti. Para el ladrón, la tarea resultó fácil, pues él había trabajado en el Louvre desde octubre de 1910 hasta enero de 1911 y precisamente como cristalero en la cubierta que protegía el cuadro. En su confesión, Peruggia relató cómo se ocultó en uno de los armarios empotrados en las paredes. El día siguiente era lunes y, por lo tanto, el museo permaneció cerrado, como casi todos acostumbran hacerlo para realizar labores de mantenimiento. Después de descolgar el cuadro, el martes el ladrón se dispuso a salir con su valioso trofeo pero las llaves que cargaba no le funcionaron. Lo salvó la aparición de un fontanero que, muy cortés, le abrió la puerta y pudo abandonar el recinto. Más de dos años y cuatro meses permaneció marchita la sonrisa más famosa y enigmática del mundo del arte. Solo en diciembre de 1913 pudo ser recuperada. El autor del robo declaró que su acto había obedecido a motivos patrióticos, pues esa obra, como tantas otras famosas, pertenecía a Italia. Lo cierto es que al final de una condena de siete meses, fue aclamado como héroe.
Pero, ¿por qué Picasso apareció mezclado en este ‘affaire’? Pues el joven pintor había comprado unas pequeñas estatuas ibéricas a un comerciante belga que las robó en el Louvre. Esas piezas de piedra sirvieron a Picasso de modelo para pintar su famosa obra ‘Las señoritas de Avignon’. Se comprobó que no tenía nada que ver con el caso de la Gioconda y solo fue sometido a interrogatorio por esa desaparición. Al poeta Apollinaire no le fue tan bien; debió pagar varios días de prisión debido a que el ladrón de las estatuillas había sido empleado suyo. Durante la ausencia de la Mona Lisa, en su lugar estuvo colgada la obra ‘Baldassarre Castiglione’, del famoso pintor Rafael. Después de su rescate, el cuadro fue exhibido dos semanas en Florencia, luego estuvo en Roma y pasó a Milán para volver finalmente al Louvre. Como dato curioso se cuenta que la obra no fue robada para venderla sino para sacar copias o imitaciones que producirían grandes ganancias en el mercado del arte mientras la original permaneciera desaparecida. Sin embargo, el ladrón alcanzó a pedir 500.000 liras para devolverla.
El robo de la Gioconda ha sido tema para películas y novelas. La escritora R. A. Scotti publicó ‘El robo de la sonrisa’, con elementos literarios y diálogos inventados. El autor argentino Martín Caparrós escribió la novela ‘Valfierno’, que gira alrededor de Eduardo Valfierno, nombre supuesto del autor intelectual del robo. Este libro obtuvo el Premio Planeta Argentina 2004.
Vale la pena decir que el museo de Louvre, a raíz del famoso robo, estuvo cerrado durante una semana. Después, los visitantes hacían largas filas para admirar el espacio donde estuvo el cuadro. Terminamos este artículo con otra pregunta: ¿Por qué genera tanta fascinación un cuadro de apenas 76.8 centímetros de alto por 53 centímetros de ancho?








