“Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano estás rodando por el suelo; no perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada”. Elegía. Poesía de Miguel Hernández.
En su momento el poeta peruano César Vallejo, también, en sus ‘Heraldos Negros’ cantó ante los embates de la muerte. “Hay golpes en la vida, tan fuertes, ¡Yo no sé! Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos la resaca de todo lo sufrido, se empozara en el alma, ¡Yo no sé!”.
El contacto para la amistad con José Escobar fue el colega Luis Mendoza Sierra, su cuñado, hermano de Margarita, esposa de José. José fue mi primer contacto en Riohacha y de inmediato me ofreció, en forma desinteresada, su cariño, su amistad y hasta su casa. José comenzaba sus labores de toda su vida, siempre fue transportador entre el norte y el sur de La Guajira. Eran tiempos en que la tecnología no estaba tan avanzada. No existía el celular y no se hablaba de internet.
José se ideó el transporte de turistas del interior del país y del extranjero, hacia la Alta Guajira, y de forma muy particular, el transporte hacia el Cabo de la Vela y otros sitios de belleza singular. Eran tiempos difíciles, en tiempos de invierno, por la no existencia de carreteras, y muchas veces le tocó recurrir a baquianos wayuú para no perderse en esos lugares lejanos y solitarios en horas de la noche.
Y surgió la competencia. Con la llegada de El Cerrejón, hubo una explosión en el transporte y las labores se tornaron complicadas por la enorme competencia de otros transportadores que ofrecían sus servicios en el transporte de empleados y transporte dentro de la mina de carbón. Hubo una verdadera revolución y José tuvo que pensar en otras alternativas. Y se ideó el servicio de mensajería. Creó legalmente una empresa de mensajería que unió por vía terrestre al norte y al sur de La Guajira. En forma directa contrató con Electricaribe la repartición de los recibos de energía que se fabricaban en Riohacha y cualquier otro tipo de comunicación escrita. Los madrugones hicieron parte de la vida diaria de José. Era cuestión de todos los días y adquirió otros vehículos para fortalecer sus servicios. Sus servicios cubrían los corregimientos de Riohacha y todo el sur, incluyendo la facturación de energía para San Juan del Cesar, Villanueva y Urumita.
La revolución del celular y del internet, obligó a José a buscarle nuevas alternativas a su actividad. Pero, ya nada sería igual. El mundo cambió.
Un hombre de paz
José Escobar era un hombre fácil de conocer. Transparente. Un hombre de paz; pero, al mismo tiempo, un hombre de carácter, que no lo pensaba mucho cuando le tocaba decir que no a algo que a él no le parecía bien. Era un villanuevero devoto de la ‘Vieja Mello’, que hacía todo lo posible por hacer presencia en Riohacha todos los 2 de febrero. Tenía muchas claridades como su propósito en la vida, relacionado íntimamente con su trabajo. La lealtad a la familia. Firme con sus amistades, para quienes siempre estuvo ahí y su sentido de espiritualidad.
Por todo ello, sembró la semilla de su ser físico y espiritual en tres hermosas mujeres que le constituyeron una grandiosa y hermosa familia que hoy, extraña y se duele por su no presencia. Quedaron en total nueve hermanos que hoy lamentan la desaparición de su padre. Aquí en Riohacha, acompañando a su madre, Margarita Mendoza, quedan Dania Vanessa, María Alejandra, Dimas José y Diego Alberto Escobar Mendoza. En la Ranchería Dividivi, kilómetro 12 vía Valledupar, quedan con su madre, Aldina Pimienta, Alcides José, Sohelia Antonia y Yussandry Elena Escobar Pimienta. Y en Villanueva, quedan con su madre, ‘La Negra’ Maestre, María José y María Isabel Escobar Maestre. Varias familias que hoy se convierten en una sola para aliviar su dolor.
Desde la dirección de Diario del Norte, con Ismael Fernández Gámez, señora y familia, directivos y periodistas nos unimos en una sola voz para presentar nuestro sentido pésame y voz de aliento para seguir adelante, a toda la familia de nuestro dilecto amigo José Eduardo Escobar Villero.








