Cuando estamos a tres meses de iniciar la edición 23 de la Copa Mundial de Fútbol, Fifa, con sede en tres naciones del continente Americano, que son Estados Unidos, Canadá y México, uno de los anfitriones, EE.UU, le declaró conjuntamente con Israel la guerra a Irán, en el Medio Oriente, colocando el certamen deportivo en alerta por posibles efectos colaterales que incidan como consecuencia de la guerra, frustrando la concurrencia de quienes van a asistir desde distintos lugares del mundo a ver los partidos de fútbol, en especial los que apoyan a las selecciones patrióticas que representan a las naciones que clasificaron en competencias previas, prestablecidas en las escogencias de 48 equipos que se distribuirán en tres sedes previstas.
Los conflictos bélicos no deben minimizarse, indiferente de quienes sean enemigos, porque cualquiera puede sacar las uñas, como David frente a Goliat, en estado de peligro para defenderse con inteligencia aun cuando se encuentre en desventaja obligado a rendirse, por la fuerza superior ejercida por el agresor.
Las guerras registran fechas de inicio, pero nunca precisan el terminó de finiquito, aun cuando se calculen y dispongan de equipos, batería y elementos destructivos, como ocurrió en la Franja de Gaza e Israel, en la que a pesar de masacrar a miles de personas de Palestina, víctimas de arremetidas sangrientas y acciones, fueron los niños los más afectados, resistieron embates durante 2 años entre Hamas y el Ejército Sionista de Israel. El confito se frenó por acuerdos intermediados por algunas naciones para aplacar las muertes que diariamente se ejecutaban.
Ucrania y Rusia llevan cuatro años lanzándose fuego, aun cuando Rusia presagiaba una duración menor de 4 meses. Ahora están con mediación de Estados Unidos en un alto al fuego que baja la tensión.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declara la guerra a Irán, en las aproximaciones del campeonato Mundial de Fútbol al haber ejecutado con bombardeos de misiles al Ayatola Alí Jamenei, jefe supremo, máxima autoridad religiosa, y varios líderes de la Guardia Revolucionaria, calculando según el criterio del presidente Trump, que conquistaría un triunfo para vencer y dominar la territorialidad en el Medio Oriente en un término de 6 a 12 semanas, lo que falta para iniciar el máximo torneo futbolístico del mundo. Irán es una nación de más de 80 millones de habitantes que no sería fácil de derrotar en corto tiempo, igual forma como ocurrió en Venezuela, que quedó estática con la captura de su presidente Nicolás Maduro Moro, dejándolo totalmente neutralizado.
Irán está rodeado de bases militares de Norteamérica en naciones vecinas, defendiéndose como gato boca arriba, de las embestidas con misiles lanzados por EE. UU e Israel, respondiendo a las agresiones militares. Irán dispone de dos ejércitos independientes, uno oficial y el otro, corresponde a la Guardia Revolucionaria, con más de 200 mil militantes de la estirpe fanático-religiosos, que darán batallas para largo tiempo regidos por normas direccionadas por clérigos Chiitas con tradiciones defensivas de guerreros persas.
El primer afectado en el inicio de esta absurda guerra es el transporte marítimo de hidrocarburos que circula por el Estrecho de Ormuz con destino a Asia, Europa y Estados Unidos. El referenciado espacio de circulación marítima se verá atormentado por disputadas bélicas de intereses que rebasarán límites en naciones obligadas a transitar vías marítimas en el Mar Mediterráneo.
La tención de guerra en el Medio Oriente, repercutirá en la Copa Mundial de Fútbol por circunstancias diferenciales que ponen en peligro el certamen deportivo llevando al traste la programación deportiva por marginación de participantes a causa de la inseguridad, ya que es indispensable y necesaria protegerla. De lo contrario, están expuestos a reacciones vengativas que puedan originarse en el conflicto armado que pueden extenderse indefinidamente masacrando vidas humanas de manera desmesurada y malvada.
China está intercediendo en condiciones voluntaria a fin de congelar el escalamiento temerario por imposiciones dominantes que deben superarse para prevenir derramamientos de sangre por la guerra. Irán es el principal proveedor de petróleo de China, de ahí el interés de acercamientos conciliatorios entre las partes en procura de no generar afectaciones a terceros no comprometidos con ninguna de las partes, originando graves daños y perjuicios incalculables en una postura neutral. Negarse o rechazar mediaciones de quienes claman paz, resultaría inaudito. El Vaticano, máxima autoridad eclesiástica, a través del Papa León XIII, también debe interceder por las vidas de personas inocentes masacradas con disparos de bombas y misiles. De las guerras se saben cuándo comienzan, pero no cuando terminan.
La declaración de guerra no conlleva a nada bueno, en tal sentido, deben ser rechazadas de manera contundente por las naciones que no quieren involucrarse en las mismas. Sumarse y aliarse a EE. UU. es compartir el genocidio humano de quienes en uso de fuerzas brutales de fuego, destruyen la humanidad.
Si no le ponen un pare a la guerra desatada en el Medio Oriente, se empañará la Copa Mundial de Fútbol. Aun cuando se garantice la seguridad en Estados Unidos, no faltarán los fanáticos religiosos suicidas que se lanzan en venganza a impactar sacrificando la vida en honor a Alá. EE. UU pide a gritos que Irán se rinda, pero no lo logrará tan rápido como pretenden los gringos, para apropiarse del petróleo de los iraníes, que resistirían más allá de la terminación del mandato de Donald Trump.








