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‘Gualila’, el viajero alucinante de la pasada bonanza marimbera

Llamaba a personas de sus afectos con los nombres que se destacaron en su época

‘Gualila’ era un personaje muy querido en el Centro y el barrio Arriba de Riohacha.

Juan Carlos Peñalver, conocido popularmente como ‘Gualila’, fue uno de los personajes que hizo parte de la memoria colectiva de Riohacha ya que a través de los años lo conocimos recorriendo las calles de esta ciudad evocando entre la fantasía y los recuerdos de la bonanza marimbera y las coronas del Reinado Nacional de la Belleza que obtuvimos los guajiros en la década de los 80.

Los saludos de ‘Gualila’ eran inconfundibles, a los hombres los llamaba por los nombres de quienes en la bonanza marimbera alcanzaron una notoriedad, mientras que a las mujeres las identificaba con aquellas beldades que llenaron de orgullo a La Guajira en el Reinado Nacional de la belleza. En su mundo particular, cada persona representaba a una figura de ese pasado esplendoroso que permanecía intacto en su memoria, pero el más particular era cuando piropeaba o saludaba a una mujer diciéndole “Adiós María Mónica Urbina” o también “Adiós María Teresa Egurrola”. Quienes lo conocían dentro de la mamadera de gallo le exigía que saludara a cualquier otra mujer que no tuviera en el rango social o no fuera la esposa de un hombre distinguido en lo político o empresarial, respondía tajantemente “Esa mujer es muy fea”. En el momento en que pasaran varios hombres distinguidos dentro del rango social, político o empresarial, los identificaba diciendo “Allí va Angello Rosado, Lucky Cotes, Samuel Alarcón, Gavilán Mayor, Hernán Salas y Bayón Curiel” y así sucesivamente hasta nombrarlos a quienes tuvieron reconocimiento en la bonanza marimbera.

El popular ‘Gualila’ permanecía en dos puntos muy importantes. En las horas de la mañana se localizaba en las afueras de las oficinas de Bancolombia, ubicado frente al Parque José Prudencio Padilla de Riohacha y en las horas del mediodía se trasladaba a las afueras del Restaurante El Reposo, ubicado en la Avenida al aeropuerto, y pocas veces, se encontraba por esos lugares en las horas de la tarde. Su permanencia en esos sitios no era casual, él sabía que allí encontraba los personajes de su imaginario que le pudieran financiar la comida del día o comprar los tiquetes que lo llevara en las horas de la tarde o noche al mundo de la fantasía producto de la borrachera cannábica.

Con los recursos que diariamente recaudaba, ‘Gualila’ bajo el manto de su imaginación y dependiendo hasta donde lo podían alcanzar los recursos que a diario recibía de quienes lo conocían, podía llegar ‘en un momentico’ a Aruba o Miami, destinos recurrentes en sus relatos que lo decía apenas recibía la donación y donde jocosamente miraba el aporte y respondía “Dame un poquito más que esto apenas me alcanza para llegar a Barranquilla”. “Necesito ir un momento a Aruba” o “Tengo que hacer una vuelta en Miami”. Literalmente eran destinos recurrentes en sus alucinaciones quizás porque alguna vez estuvo en esas ciudades o porque le escuchó a los marimberos tantas historias que terminó convirtiéndolos en territorios propios.

En algunas ocasiones logré personalmente entablar una conversación seria con Juan Carlos Peñalver o ‘Guali’ porque pocas veces le dije ‘Gualila’, ya que él me respetaba mucho porque me conoció cuando vivía en el barrio Arriba de Riohacha, pero le pude entender el tema de los nombres de los marimberos, de las reinas nacionales de la belleza o los viajes alucinantes, y encontré que en el mundo ‘Gualila’, al parecer Miami no formaba parte de los Estados Unidos, era un país independiente, mágico en donde no existe la tristeza, las penas, ni el dolor; allí solamente había derroche de alegría, música y parranda. Tal vez su mente se extasiaba en aquellos tiempos en los que muchos protagonistas de la bonanza marimbera iban y regresaban contando historias de lujo, negocios, fiestas y aventuras.

Hoy cuando Juan Carlos Peñalver, conocido por todos como ‘Gualila’ ya no está con nosotros, puedo decir que fue ese viajero incansable de una época que ya pasó, pero que mientras tuvo vida, jamás terminó. Paz en la tumba de ‘Gualila’.

 

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