“En el Magdalena ya suceden tantas cosas que se ven tan asombrosas y todo es calamidad, ya no se vive como antes se vivía ya no se ve la alegría sino el robo y la maldad; con los asaltos que este año se han presentado debemos tener cuidado porque nos pueden matar, démonos cuenta que ahora el comerciante honrado y los ricos hacendados cada día peligran más”.
Hoy está presente en mi mente la canción titulada ‘Los bandoleros’ de la autoría del ‘Pollo’ Vallenato Luis Enrique Martínez, la que grabó con su acordeón y su voz y está en un disco de 45 Revoluciones por minutos que salió en 1965, y posteriormente fue incluida en el Albun ‘Historia Musical de Luis Enrique Martínez’, es la canción número 36, su lanzamiento fue en el año 2012.
Después de analizar cuidadosamente la letra de la precitada canción no queda duda que la violencia en Colombia es un tema patológico, no es ni ha sucedido solo en el actual Gobierno como algunos lo dicen pensando con cálculos electorales, a todo el que comió arepa repechado en el solio de Bolívar en el Palacio Presidencial su miguita se les cayó.
El caso de nuestro amado país es tan especial que el día más violento del año es precisamente el de la más sublime celebración, cuando le tributamos veinticuatro horas de alabanzas a nuestras madres en el mes de mayo, o sea que como es un día tan especial entonces es el escogido por el diablo para ponerle oficio a todo el que no lo tiene, un botón para mostrar es lo sucedido ‘El día de la madre’ el 11 de mayo de 2025, como la gente estaba tan contenta con su mamá fueron asesinadas 65 personas, es decir que hubo 2.70 muertes violentas por hora, fueron 65 madres que ese día perdieron a sus hijos, fue la cereza del postre para ellas.
En el año 1993, era presidente César Gaviria a quien he escuchado gris apiando quejándose de la inseguridad en el país resulta que el 5 de septiembre de aquel año de ingrata recordación para mi familia, Colombia le ganó 5 a 0 a Argentina, le metió un guarapazo por cada día del mes, la gente estaba tan feliz, tan dichosa que hubo 82 muertes violentas es decir que salimos de a 16.4 muertos por cada gol, esa vaina merece una explicación, eso no sucedió en el actual Gobierno por eso es tan importante recordar que cuando señalamos a otros con el dedo índice quedan tres dedos señalándolo a uno y el pulgar recordándole que arriba esta Dios que para abajo ve; quienes tienen la experiencia tienen el imperativo moral de aportar sus consejos y conocimientos para que las nuevas generaciones de gobernantes acierten porque si les va mal sucede lo que decía ‘Babito’, mi abuelo analfabeta y sabio, “lo bueno es para el dueño y lo malo se reparte”, en los escenarios de la violencia todos perdemos por eso no se debe hacer oportunismo con esa vaina porque es como si se quisiera incendiar a un pueblo para ocultar el robo de una gallina.
Cuando esta crónica escribimos hemos regresado después de transitar una calle de la ciudad de Riohacha, después de salir de un cajero electrónico, vino hacia mí la suave y fría brisita del nordeste embriagador de otras primas noches, sin encontrar ni una alma para saludar, tres perros duermen su fatiga del día, y escucho a lo lejos, posiblemente desde el balcón de algún edificio cercano, la voz inolvidable de Adanies Díaz con las notas del muchacho que le quedó grande a su generación, Héctor Zuleta, interpretando una canción que nos llega como anillo al dedo, ‘Mi proclama’, uno de cuyos apartes dice “pueblo mío por qué te quieres acabar, por qué eres ciego no te das cuenta, por qué no tratas de recapacitar, te está acabando tanta violencia, te suplico por esas madres que lloran que su pena y su dolor parten el alma, por esos niños que viven en zozobra porque ya no existe aquel que lo ayudaba”, aquello lo asumí, como un clamor que vino desde el cielo, es una exhortación a la reflexión porque como dice también la misma canción, “luchemos todos por nuestra gloria sino mi pueblo se acaba”, no se mueve una hoja sin la voluntad de Dios, el altísimo les permitió a ‘Los sensacionales’ cantar para que reflexionemos.
Esta soledad trajo a mi mente una noche estremecedora cuando ingresé al mismo cajero con tapabocas, gorra, y mis manos con guantes para realizar una operación durante la pandemia del Covid-19 que puso de rodillas a la humanidad, esta vez por otra pandemia, la tercera se puede decir, la de ‘el miedo colectivo’ porque la del Covid fue la segunda, la primera fue la de la ‘Gripe Española’ causada por un virus de la Gripe Tipo A, también conocida como H1N1 la cual mató a cuarenta millones de personas en un solo año, en 1918, de la cual da cuenta Francisco El Hombre en una puya asítitulada ‘La gripe’, que mi abuelo me enseñó y dice entre otras cosas lo siguiente “Ay dice Rodolfo Solano miren que peste tan brava, no hay medico pa curarla ni medicinas pa atajarla, lo dice Francisco El Hombre, la cuenta la llevo yo, de Cotoprix a Machobayo murieron setenta y dos”.
Resulta que el motivo de la soledad, dice la gente que se trata de el obedecimiento de una orden impartida por un grupo al margen de la Ley, yo eso no lo he visto, los negocios cerraron sus puertas, la pitadera de los carros y las motos no se escucha, los peajes que los habitantes de la calle tienen en cada esquina del centro dejaron sus lugares de trabajo solos y sin aviso, y a dos casas a donde llegue, antes de brindarme café primero me regañaron por haber salido y después cada uno me hizo un relato aterrador de las razones para meternos debajo de la cama, ahí caí en cuenta que el miedo es contagioso, pero además es un Derecho Constitucional Fundamental que los guajiros contrario a la fama que tenemos lo ejercemos a plenitud, si porque cobarde es lo que sobra.








