A pesar de que, en Colombia vivimos en un Estado constitucionalmente laico que separa la religión de las instituciones públicas, es muy evidente en esta oportunidad que el avivamiento de las iglesias influirá para determinar el rumbo del país. La iglesia tiene un papel protagónico muy importante en la suerte de los colombianos a través de la formación de conciencia electoral en los ciudadanos para decidirse por el bien y la sana doctrina. Soy hombre de fe inquebrantable y pienso que la participación de las instituciones religiosas en Colombia tiene gran influencia en la opinión nacional en cuanto a la mediación de los diálogos de paz, en la orientación espiritual, social y moral, y en aquellos movimientos de fe que se han constituido como fuerzas políticas con representación legislativa. Es indiscutible también que la postura oficial de la iglesia en defensa de la fe y la moral en todas las dimensiones del desarrollo de la sociedad en procura de alcanzar el bien común por encima del interés particular incide en los escenarios del poder público. Es por todo eso, que en la actual coyuntura política que vive el país se observa a muchos líderes cristianos y católicos participando responsablemente en la búsqueda del cumplimiento de la responsabilidad misional de la iglesia desde su perspectiva espiritual de fe cristiana. Colombia está polarizada, muy dividida, hay posiciones encontradas e irreconciliables entre el establecimiento y quienes se oponen a esas políticas de Gobierno. Hay mucha violencia en el país, mucha inseguridad ciudadana y mucha restricción de movilidad de la ciudadanía por la geografía nacional. El narcotráfico y el narcoterrorismo campean, la criminalidad hace carrera y la falta de oportunidades y la desigualdad social siguen creciendo exponencialmente. Por eso, la acción política que viene realizando la iglesia desde su visión cristiana conducirá a todos sus fieles y creyentes a que comprendan las palabras del Nazareno que murió crucificado en la cruz del calvario por la salvación de la humanidad. Independientemente de las preferencias particulares y personales, se observa que, los miembros de las iglesias con mucho sentido ético y de fe, exigen a quienes aspiran gobernar el país en el próximo cuatrienio, la defensa y protección de la vida humana, de la familia, de las niñas, niños y adolescentes, de la libertad y la convivencia pacífica, la justicia social y la solidaridad, las religiones y la cultura de los pueblos. Los evangélicos y cristianos tienen sus propias convicciones y su visión de país ajustada a sus creencias religiosas que son muy respetables, y a eso, le apuestan para Colombia. Como el resto de los cincuenta y dos millones de colombianos, los miembros de la iglesia se vienen manifestando para que el Estado conjure este conflicto armado de más de medio siglo que nos arrebata la paz en cada Gobierno y se nos escurre como agua entre las manos. La iglesia igual que todos sus miembros claman para que cese la horrible noche para los colombianos, y por fin nos movilicemos en municipios y departamentos seguros, disfrutando de los contrastes y la belleza de nuestra geografía nacional. De acuerdo con la exigencia de la fe y dentro del pluralismo, las iglesias, sean católicas o cristianas, vienen cumpliendo con su deber de orientar a la ciudadanía con discernimiento espiritual hacia aquellas propuestas para el desarrollo nacional que respondan más y mejor al bien común según la doctrina de la iglesia. Es bien claro, que como la actividad política se nos mete a la familia y a la sociedad, a la educación, la salud y hasta al bolsillo de los colombianos, habrá propuestas que afectan el bienestar y las creencias religiosas de las familias, y otras la favorecen, razón por la cual la iglesia participa en la política en esta ocasión sin miedo y se está haciendo escuchar por todos los canales para orientar la opinión nacional. La explicación es muy sencilla, el futuro del país está en juego, y, en consecuencia, la suerte de las próximas generaciones, y la fe y la moral cristiana tienen que ponerse en práctica en todas las dimensiones del desarrollo de la sociedad, incluyendo la política, que es donde se aprueban las políticas públicas, para mejorar o desmejorar la calidad de vida de los colombianos, de ahí, el papel tan importante de la iglesia. Recordemos a Mahatma Gandhi cuando dijo, que lo más atroz de las cosas malas, de la gente mala, es el silencio de la gente buena.








