Llega hasta mis oídos la preocupación de una joven próxima a recibir su grado de economista, su preocupación es enfrentarse a la realidad, las responsabilidades paternales se van difuminando, toca afrontar la realidad, confrontar el pavimento, no rodar sobre él y rasparse, magullarse para comprender la realidad, la mayor parte de estos estudiantes han sido formados para el empleo, así sea estéril, no importa de qué manera conseguirlo, pero alcanzarlo de la manera que fuera, aún a costa de su dignidad y derechos; pero desarmados ideológica y políticamente, ignorando y desconociendo a qué mundo enfrentarse, lo que sí muestran estos jóvenes, es, una pesada carga de formación individualista, de la que no tienen conciencia, el mundo para ellos se presenta en un transcurrir natural de inconvenientes sin saber a quién apuntar, ni cómo diluir tantas adversidades. La objetividad es un lastre del cual hay que despojarse, porque un joven desprovisto de las armas científicas, también para el Gobierno es un lastre.
Estudiaron en una universidad: blanca, verde, amarilla, etc, etc, silenciada y con alma vacía, donde el grafiti es una peste, estudiaron en el frescor de la ignorancia dictatorial de las autoridades universitarias, constreñida la libertad de opinión, el objetivo es la nota y saltar como ranas al semestre siguiente, cayendo en estacas invisibles a su formación ecléctica y sórdida, no importa cómo adquirir el birrete y la toga; se exhala un hálito de satisfacción, pero con un vacío teórico, práctico y políticamente profundo; pero, los gerentes universitarios cumplieron su tarea: lanzaron a las calles a conspicuos jóvenes, desprovistos de la más significativa objetividad de la sociedad que enfrentan.
La economía es una profesión liberal, donde pululan las tesis filosóficas de dónde proviene, el pensamiento económico superestructural, lo imanta la filosofía, dos vertientes: la materialista y la muy ramificada idealista; acompaña necesariamente a la economía el dominio de la historia, aunque no vasta por su interpretación, de la cual tienes que estar provisto de las enseñanzas científicas, sino además, dotado de una profunda dosis de capacidad de abstracción, que la genera la práctica social. Las curvas por sí solas no hablan, orientan a percibir una realidad, pero sin el pensamiento científico son mudas e ineficientes.
Y pensar, que a los jóvenes economistas los lanzan al mundo ocupacional en medio de la ignorancia del mercado laboral para ellos. Pero el grueso no sabe que un viejo colega les ha martirizado, les ha cortado las alas, les ha castrado la posibilidad de desenvolverse en un trabajo digno, al punto de llevarlos a oficios totalmente ajenos a su profesión; me refiero al maestro de maestros del neoliberalismo, don, Ludwig Heinrich Edler von Mises, del cual la mayoría de los profesores, encamisados, repetían los mismos postulados; economista del siglo XX, encarnizado contra el socialismo y la planificación centralizada. Enemigo acérrimo del Estado como coordinador del desarrollo económico bajo la dirección del proletariado.
Hoy por hoy vienen tomando cuerpo sus tesis, reitero, las de Ludwig Heinrich Edler von Mises, precursor de la escuela austriaca de economía en el siglo XX, ‘liberal’, su liberalismo es profundamente conservadurismo del genuino, así de crudo; padre inspirador de los libertarios: Trump, Milei, Meloni, Abascal, Álvaro Uribe, etc, etc, inspirador de los republicanos estadounidenses, de VOX, en España; AfD en Alemania, libertarios en Argentina; seguidores de la perspicacia en economía y del pensamiento reaccionario del nazifascismo mundial; sus planteamientos no derivan de la experiencia, ni de la observación; hablan de la economía como ciencia, cuyos postulados son a priori, es decir, que se dota de la subjetividad, plasmado en su libro ‘La acción Humana’.
Los jóvenes en general y, en particular los economistas, se enfrentan, producto de las tesis de Mises, a unas condiciones de impotencia para iluminar su futuro, Mises y sus correligionarios y adeptos hablan de un Estado incapaz de resolver los problemas de las comunidades; pero no dice de que Estado, y, porque y para que surgió el Estado, por lo tanto hay que prescindir al máximo del Estado según él. Acabar con las tareas sociales del Estado, y entregarlas a la iniciativa privada, a la ganancia. Del aparente libre cambio surgen los monopolios que son los que orientan en realidad la acción deshumanizada, las tendencias de la demanda, y los precios.
La escuela austriaca de economía en clara alusión a la teoría del valor de Marx, desarrollada con la mayor cientificidad por la profundidad de sus estudios; tratan, sin ningún rigor científico con Mises, Friedrich Hayek, y Eugen von Bohm Bawerk, de desnaturalizarla, con la futileza de la teoría del valor marginal, por eso son conocidos, como los marginalistas, basada en el salvajismo de la subjetividad kantiana. En la sociedad capitalista no hay valor arbitrario, el valor de toda mercancía está sujeta al tiempo socialmente necesario que la fuerza de trabajo implementa en ella, o sea, el tiempo socialmente necesario para producirla, entendiendo que una parte de ese tiempo no es resarcido como pago al trabajador. El salario es la otra parte faltante del valor del trabajo, que es la que produce la riqueza en un acto social, pero no se remunera.
A la escuela austriaca si se le quiere endilgar una descripción espiritual, sería su actitud malevolente y villana con la clase obrera; por, profundizar la esclavización del proletariado y, crear un recodo teórico insustancial, perverso e insidioso para favorecer al gran capital, que no guarda ninguna conmiseración con los anhelos altruista de la juventud estudiosa y trabajadora. Se quedan demasiado corto los que endilgan estrechamente a la codicia la actitud del capitalista, positivismo filosófico, como si se tratara, solo de una condición mental, y allí coinciden con los marginalistas, que la conducta humana está constreñida estrictamente por subjetividades, sin valorar la acción perturbadora de los aparatos ideológicos no solo del Estado, sino del inmenso aparato burgués que con todos sus medios ideológicos, inclinan la balanza no solo a sus mercancías, fomentando un mercado con precios predeterminados por las relaciones sociales de producción capitalista: la explotación. Sumándole la inclinación a las preferencias políticas hacia los defensores de los monopolios y las transnacionales. Y Mises, al menos fue honesto al afirmar que sus postulados no derivan de la experiencia.








