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Crónica de la verdadera historia de Villanueva

Santo Tomás de Villanueva, conocida hoy como Villanueva en La Guajira, fue en sus orígenes un pueblo de indios estrechamente relacionado con el antiguo asentamiento de Timiriguaco, también…

Santo Tomás de Villanueva, conocida hoy como Villanueva en La Guajira, fue en sus orígenes un pueblo de indios estrechamente relacionado con el antiguo asentamiento de Timiriguaco, también llamado Timiriguaco, nombre que en lengua ancestral significa literalmente ‘aldea grande’. Mucho antes de la llegada de los colonizadores españoles, este territorio era una próspera y extensa ranchería habitada por la nación de los Itotos, quienes vivían organizados, en esta llanura del río Cesar con sus costumbres ancestrales.

Los registros históricos de la conquista, colonia y encomiendas en América, llevadas por los españoles, permiten delimitar los hechos que hoy están consignados en archivos de España y Colombia: Pares, Archivo General de Indias y Archivo General de la Nación. Aunque muchos conservan márgenes de imprecisión y transcripción, la imaginación nos ayuda a ir más allá; nos permite conectar la información dispersa, para darle el sentido completo a gran parte de esos documentos. Peter Burke dijo: «no se puede escribir la historia sin imaginación». No es inventar la realidad, sino reconstruir lo invisible.

Antes de la invasión española, estas tierras estaban habitadas. En 1531 Ambrosio Alfinger, contratado por los Welser, cruzó el Paso Real del Perijá, invadió el Valle de Upar, saqueó y destruyó Timiriguaco, Zaraita, Guazara y Eneal, confederados a Los Santos Reyes, y ejecutó al cacique Upar. Tras la dispersión, los pueblos se reconstruyeron, posteriormente. En 1550 Hernando de Santana fundó la Ciudad de Los Santos Reyes y, por el maltrato de los encomenderos, provocaron, en 1609, una gran rebelión indígena que afectó a toda Santa Marta, Los Reyes y Pueblo Nuevo, en la provincia.

La rebelión de 1609 dio origen a la visita del oidor Juan de Villabona Zubiaurre: de 86 aldeas y caseríos, solo quedaron 26 congregadas, en la llamada ‘reducción de pueblos indios’. Villabona, nombrado Visitador General por la Real Audiencia, debía fiscalizar los abusos de encomenderos y curas; fue uno de los procesos de fiscalización más importantes del periodo colonial en el Caribe colombiano. Poderosos de Santa Marta y Valledupar presionaron al Consejo de Indias para impedir su llegada, alegando riesgo militar.

Entre 1616 y 1657, chimilas, tupes e itotos defendieron ferozmente su territorio. Tras el asalto a Valledupar en 1609, para 1616 cambiaron su estrategia militar: adoptaron el repliegue táctico e intensificaron las emboscadas frente al avance español. En 1657 la Corona envió expediciones de castigo. Los itotos y tupes rechazaron la encomienda y las reducciones: quemaron los asentamientos impuestos, se rebelaron contra el trabajo forzado y huyeron nuevamente al monte para recuperar su libertad.

Sin embargo, Villanueva, en la cuenca baja del Perijá y corredor del río Cesar, junto a Atánquez y Urumita, ejemplifican cómo las comunidades sufrieron transformaciones por ‘entradas’, (expediciones militares) a territorios no controlados por la corona, y reducciones coloniales; hoy pertenecen a La Guajira y al Cesar, históricamente ligadas a Valledupar. Se tiene pleno conocimiento que después del año 1657, ‘Timiriguaco’ fue sometida a ‘Reducción’ como Pueblo de Indios, junto con San Isidro de la Sierra, y entregada en encomienda al maestre de campo Martín Carlos Amoscotegui, por dos vidas.

En la Gobernación de Santa Marta, poblaciones como Villanueva no poseen acta de fundación clásica ni capitulaciones; su origen legal y material se liga al Auto de Población o al Acta de Posesión de la encomienda. Martín Carlos Amoscotegui recibió y congregó las primeras reducciones: ordenó reunir a los nativos en un solo sitio con trazado de calles, solares, iglesia y dotación. A su muerte, la encomienda pasó a su hija Catalina Antonia Amoscotegui y Surmay, en segunda vida, hasta mediados de los años 1680, por linaje familiar.

Según José de Lidueña, cura doctrinero, en sus informaciones de oficio y parte, José Tafur de Valenzuela y Leyva llegó a San Isidro preguntando por Timiriguaco en 1686 para hacerse cargo de la encomienda. La administró hasta 1693, cuando su confirmación quedó pendiente por supuesto fraude. Despojado de ella, la encomienda fue entregada a Roque Matías de Alba y Miranda, quien obtuvo su confirmación definitiva mediante cédula real expedida en Madrid el 21 de febrero de 1698 para la historia de Villanueva.

Santo Tomás, patrono, fue canonizado por el papa Alejandro VII en noviembre de 1658; antes de esa fecha, legalmente no se podía fundar parroquia o pueblo con el título de ‘Santo’. Por lo tanto, para la tradición oral de Villanueva, La Guajira, de los siglos XVII- XVIII, Roque Matías de Alba y Miranda, fue la figura institucional que abrió las puertas del siglo XVIII; la historia simplificó los hechos y lo deja como el más recordado, como fundador; la cédula real del 21 de febrero de 1698, AGI, Santa_Fe, 1176, L7, lo deja como ‘fundador desmitificado’.

La transición de ‘Timiriguaco’ a Santo Tomás de Villanueva no surgió de un acto fundacional clásico, sino que su evolución fue, paso a paso, bajo la administración de familias militares y elitistas, a quienes se les adjudicaban por servicios o que pagaban a la Corona para recibir ‘la merced’ de la encomienda. Por eso, el cambio de un nombre a otro ocurrió dentro de esos 38 años de encomiendas (1660–1698). Se dice que fue el valenciano, Roque Matías de Alba y Miranda, quien regaló la imagen de Santo Tomas a Villanueva.

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