En dos días se conmemora la 464 fiesta patronal de Santo Tomás que le imprime identidad cultural y gentilicia al pueblo villanuevero incardinado en el territorio sonoro del sur de La Guajira. De acuerdo con los resultados de la investigación realizada por Rafael A. Amaya y Manuel J. Fernández, publicada en 1946, con el título ‘Villanueva: datos historiales de la ciudad de Santo Tomás de Villanueva, departamento del Magdalena – República de Colombia’, fue el español valenciano Roque de Alba quien realiza la fundación hispana de Villanueva en las parcialidades de las tribus indígenas Itotos del tronco etnolingüístico Caribe, el 18 de septiembre de 1562 bajo el patronato de Santo Tomás, quien nació en Villanueva de los Infantes, España, y fue arzobispo agustino en Valencia, reconocido por su caridad hacia los pobres, huérfanos y enfermos.
El patronato Santo Tomás, no es solo para nuestra parroquia villanuevera, sino que lo es también para la congregación religiosa fundada en 1244 bajo la tutela de San Agustín en donde se formó como sacerdote el actual Papa León XIV, quien preserva el legado tomasino para todo el mundo católico.
La monografía de Villanueva escrita por Amaya-Fernández recupera de la tradición oral local, los milagros atribuibles a Santo Tomás destacando dos que tienen relación con la crisis del cambio climático y con el fenómeno de El Niño. El de la inundación al pueblo por el río Villanueva el 8 de mayo de 1801 y el milagro de la niña Barbarita Matos en 1840.
En el primer milagro del que se tiene conocimiento, el Santo Patrono intervino directamente frente al peligro que la desbordada creciente del río Villanueva arrasara con toda la población del municipio. “Ante la catástrofe inminente, el pueblo acudió a la iglesia en busca de la imagen, la que no encontró. Arreció el pánico en el ánimo de los habitantes. Más fue pasmoso el asombro de estos al cesar de repente la inundación. Volvieron a dar gracias a Dios y encontraron al Santo humedecido y salpicado de barro. ¡Milagro! ¡Milagro! gritaron y avivaron su fe en Santo Tomás.” (Página 11).
El segundo milagro se refiere a la intervención del Santo Patrono para salvar a Barbarita de morir ahogada en el crecido río Villanueva. La niña criada por Zoila y Wenselad Mato, con una allegada de apellido Ramírez, fueron a recoger frutos al campo. De regreso, el río había aumentado de caudal y al vadearlo, la corriente le arrebató a la pequeña. Las Mato en su dolor imploraban el auxilio del Santo. El pueblo se puso en movimiento. Una de las comisiones, tuvo la inmensa fortuna de encontrar a Barbarita sana y salva en una pequeña isla. Al preguntarle cómo estuvo a salvo allí, respondió: “un hombre me colocó aquí y me acompañó toda la noche y cuando fui arrastrada por la corriente ese mismo hombre me dio un bastón para que soportara su fuerza y no me ahogara”. (Página 12).
Las siete generaciones de la familia Fernández testimonian en este año el milagro ocurrido por la intercesión de Santo Tomás para darle una segunda oportunidad de vida a nuestro hermano Ismael Darío Fernández Gámez. El ocho de diciembre del año pasado, en la capilla de la clínica Shaio de Bogotá, hicimos con profunda fe y convicción, la promesa a nuestro santo patrono, con su esposa, hijas y nietos que vendríamos a las fiestas religiosas de septiembre a honrar el compromiso de darle las infinitas gracias por su intervención para garantizar un resultado exitoso de un procedimiento quirúrgico de alta complejidad y riesgo extremo realizado a mi hermano Ismael.
En cumplimiento de la promesa pactada, se transmitirá por el canal regional de televisión Telecaribe, la misa comunitaria de salud el 18 de septiembre de 2026 a las 10 a.m. concelebrada por el obispo de la Diócesis de Valledupar con el propósito ecuménico que se difunda y se conozcan los comprobados milagros intermediados por Santo Tomás.
Cordial invitación a encontrarnos, sin falta, este viernes 18 de septiembre a las 4:30 pm para caminar con la comunidad villanuevera la procesión de nuestro Santo Patrono. Cantaremos, con el acompañamiento de la banda de música Fernandina de cuarta y quinta generación, la segunda estrofa del himno a Santo Tomás de Villanueva, compuesto por el normalista Rafael Antonio Amaya y el maestro mayor Manuel José Fernández Fría. “Invocando tu nombre me inundo, de un inmenso caudal de ventura; pues derramas la suave dulzura, de tu excelsa virtud caridad”.