La reciente contienda electoral en el Magdalena dejó en el panorama político colombiano una serie de cachetadas que la cúpula del Pacto Histórico debería asimilar con humildad, y quizás ninguna tan resonante como el mensaje enviado por el exgobernador Carlos Caicedo, que con su apabullante triunfo ha emergido como un actor clave en la región y en el país y como el estratega que, desde las trincheras del poder local, le está demostrando a la dirigencia nacional del Pacto que estaban soberbios y que el verdadero poder popular en las regiones tiene dinámica propia y que ellos, con su centralismo y sus autoproclamaciones fascistas, están peligrosamente distanciados del pueblo que los llevó al poder.
Desde una perspectiva de centro, lo que se observa en este pulso es la clásica tensión entre el ‘establecimiento bogotano’ de un movimiento y sus bases territoriales. Es innegable que la victoria de Gustavo Petro en 2022 fue un triunfo del ‘Petrismo’ como concepto, una ola de cambio y esperanza que trascendió la suma de los partidos y movimientos que integraron el Pacto. Gran parte de esos votantes, gente del común y de las periferias, no se siente necesariamente representada por la actual élite del Pacto Histórico, sino por la idea de transformación que encarna el proyecto político amplio, que Caicedo ha sabido capitalizar a nivel regional y que Martha Peralta viene trabajando desde Mais.
La elección en el Magdalena, donde la candidata apoyada por Caicedo obtuvo la Gobernación, es el ejemplo más doloroso para el Pacto. La decisión de muchos de sus cuadros locales de unirse a sectores diametralmente opuestos (como el Centro Democrático) en un afán por frenar a Caicedo, fue percibida por amplios sectores como una traición, no solo a Caicedo, sino, al espíritu de cambio del Petrismo mismo. Prefirieron la alianza con la derecha tradicional, su adversario histórico, antes que con un aliado natural en las regiones. Esto no solo debilitó la imagen del Pacto como bloque unido, además expuso una profunda fractura ideológica y de egos. El ‘Petrismo’ votó por la opción de Caicedo, demostrando que su corazón late con más fuerza en los movimientos locales que en los despachos capitalinos.
Y este error estratégico tiene implicaciones que van más allá del Caribe. Líderes nacionales como el senador Iván Cepeda, una figura respetada y clave en la articulación del Pacto, deben tomar nota de esta realidad. Si bien su labor en el Congreso es vital, su capital político y popularidad para futuras aspiraciones presidenciales pueden verse seriamente afectadas si se le percibe como un líder que solo se toma fotos con la cúpula del Pacto Histórico de Bogotá, ajeno a las realidades y las alianzas que se están tejiendo en el territorio. Caicedo, por su parte, ha demostrado ser un estratega formidable, construyendo una nueva alianza política que ha llegado, incluso, a sumar a representantes del M-19, el corazón mismo del Petrismo puro, el movimiento base del actual presidente.
La genialidad de Caicedo radica en entender que la política colombiana se gana a pie, en las regiones, y no desde los atriles de la capital. Mientras que la dirección del Pacto Histórico parece conformarse con ser los herederos de la victoria de 2022, confiados en la herencia del Gobierno actual, Caicedo está labrando activamente el futuro. Los ‘hijos de los inmolados’, (como se les conoce a varios directivos del Pacto Histórico), que cargan con el peso de la historia de la izquierda sin tener mérito propio, parecen atrapados en una burbuja bogotana, incapaces de bajarse al ruedo de las jugadas políticas territoriales donde se decide el verdadero poder popular.
Caicedo se convirtió en un contrapeso regional y nacional, es un síntoma de que el Petrismo está mutando y que la marca registrada que creyó tener el Pacto Histórico les está siendo disputada por quien ha demostrado ser un mejor líder del Petrismo (aunque lo nieguen). Si la cúpula nacional sigue ignorando el mensaje de las urnas y continúa priorizando las pugnas internas o los pactos de élite sobre la conexión con la base popular, la victoria de 2022 podría convertirse en un añorado triunfo y el proyecto de cambio del Congreso, sería una promesa incumplida por su propia desconexión de la realidad. La bola estaba en el techo del Pacto, ahora, la tiene Caicedo y todo aquel que siga la línea Petrista, así sea desconociendo las órdenes del propio Petro.
Posdata: ¿se imaginan si se unen Caicedo, Daniel Quintero y Camilo Romero?








