Un potente terremoto de magnitud 7,7 sacudió el noroeste de Birmania este viernes, con epicentro cerca de Mandalay, la segunda ciudad más grande del país, donde residen más de un millón de personas. El sismo se registró a las 12:50 hora local a una profundidad de 10 kilómetros, según informó el Servicio Geológico de Estados Unidos.
Aunque no se han reportado víctimas fatales hasta el momento, el sismo causó importantes daños estructurales. Testigos relataron que partes del histórico Palacio de Mandalay quedaron destruidas, mientras que un puente en Sagaing colapsó completamente. En Yagón, la ciudad más poblada del país, se evacuaron edificios por temor a réplicas.
Un equipo de prensa que se encontraba en el Museo Nacional de la capital describió escenas de pánico: parte del techo cayó, las paredes se agrietaron y muchos trabajadores salieron llorando y llamando a sus familiares mientras el suelo temblaba violentamente durante al menos 30 segundos.
Efectos en Tailandia
El terremoto también se sintió con fuerza en Tailandia, donde se ordenó la evacuación de varios edificios. En Bangkok, a más de mil kilómetros del epicentro, un edificio en construcción colapsó con 50 trabajadores dentro. Siete lograron escapar, pero 43 permanecen desaparecidos. Las autoridades suspendieron temporalmente algunos servicios de metro y tren ligero, mientras el Departamento Meteorológico alertó sobre posibles réplicas.
Habitantes de Chiang Mai, una ciudad turística en el norte de Tailandia, describieron el sismo como uno de los más fuertes que han sentido. «Corrí tan lejos como pude del edificio en pijama», relató un residente, mientras que un hombre de 76 años aseguró que nunca había experimentado un temblor de tal magnitud.
Zona vulnerable
Birmania está situada en una región de alta actividad sísmica debido a la presión entre la placa del subcontinente indio y la euroasiática. Aunque el país ha enfrentado terremotos en el pasado, como el de magnitud 6,8 en 2016, el de este viernes es uno de los más intensos registrados en los últimos años.
Las precarias infraestructuras y la falta de planificación urbana en las ciudades birmanas agravan el impacto de los desastres naturales, como ya ocurrió en septiembre pasado cuando el país solicitó ayuda internacional por severas inundaciones. Las autoridades continúan evaluando la magnitud de los daños y el posible número de afectados.








