La mitología, el discurso hiperbólico, leyendas y tradiciones inventadas, permea a veces lo que dice sobre el vallenato. José Jorge Dangond expresa que en el vallenato: “Los juglares se convirtieron en reyes, la música en ciencia (…) y una familia con más de dos músicos en dinastía”. Ese discurso hiperbólico, es el que se asoma, por ejemplo cuando escuchamos a Juan Gossaín sostener que “el vallenato es un género literario”; a Tomás Darío Gutiérrez decir que el vallenato tiene unos 300 años de historia sin evidencia alguna que antes del siglo XIX existiera este género musical; encumbrar a Israel Romero como ‘El mejor del mundo’ porque ganó un concurso de acordeón diatónico; henchirnos de júbilo porque se cumplió el vaticinio de Consuelo Araújo que el vallenato “se tomaría el mundo”, solo porque se escucha en algunos nichos de Venezuela y México.
Uno de los mitos, es el de ‘Francisco El Hombre’ y su pique con el mismo diablo. Las versiones de familiares de Francisco Moscote narran cómo tuvo un duelo con un acordeonero al que nunca vio, solo escuchaba. Pero alrededor de este relato, se han formado mitos, como el que sostienen literatos como Sánchez Baute y Roberto Montes Mathieu: que ‘Francisco El Hombre’ es una invención de García Márquez. Otro meta mito o tradición inventada es la creada por Francisco Rada Ortiz, hijo de Pacho Rada, quien en una obra escrita se inventó que su padre era “el verdadero” ‘Francisco El hombre’.
Por mucho tiempo existió la tesis según la cual, el vallenato surgió a partir de la llegada del acordeón. Tomás Darío Gutiérrez echó por el piso este mito aunque, también creó otros. Fue uno de los primeros en defender la teoría según la cual ya existían cantos vernáculos que se acompañaban con carrizos, gaitas, tambores y guacharacas. También Gutiérrez echó abajo las conjeturas de los folclorólogos Guillermo Abadía Morales y Javier Ocampo López según las cuales, el son vallenato era un trasunto del cubano, así como el merengue de su homólogo dominicano.
Pero a Tomás Darío Gutiérrez se le debe también, mitos como el de sostener que existe una única y monolítica “cultura vallenata”. Ya los musicólogos Egberto Bermúdez, Héctor González y el mismo Sánchez Baute le han restado seriedad a esta tesis por la falta de argumentos. También se le ha criticado mucho a Gutiérrez que el vallenato es música de origen indígena chimila. Bermúdez y González, quienes son musicólogos, no han encontrado ni un solo rastro de indianidad en la música vallenata, pero sí mucho de afro. Gutiérrez y muchos, han defendido el carácter indígena de la guacharaca, pero nadie ha podido encontrar evidencias de este instrumento en las etnias de la región, pero sí en zonas de influencia africana, el Caribe en general y países de África.
Siguiendo con Tomás Darío Gutiérrez, es el autor de la agenda por posicionar el nombre de Valle de Upar como el territorio nuclear de la música vallenata. En realidad es insostenible y anacrónico que el vallenato nació en el Valle de Upar, sino en un conjunto de valles. No existe claridad de los límites de tal Valle de Upar y, nunca un sanjuanero, un pivajayero obecerrilero se le ha escuchado decir que es nato del valle de Upar.
Otro de los mitos gutierranos, es que designa al atanquero José León Carrillo como el primer acordeonero en toda la región. No hay forma certera ni científica de demostrar quién fue el primero en tener un acordeón en sus manos para acompañar su canto. Los registros aduaneros oficiales dan cuenta que el acordeón entró por puertos de Riohacha, Cartagena, Sabanilla y desde el puerto de Maracaibo, hacia Cúcuta. De allí se regaban no solo por el Caribe colombiano. Viajeros como el francés Charles Safray escucharon un acordeón en el puerto de Santa Marta en 1862, lo que quiere decir que también lo traían los marineros y se pudo quedar en manos locales. Además, parientes de José León Carrillo, ubican su época de esplendor hacia aproximadamente 1938 al 40, muy reciente considerando que ‘Francisco El Hombre’ nació en 1850 y aprendió de su padre, José del Carmen, quien también fue acordeonero. (Continuará)







