En la coyuntura actual a nivel local, departamental, regional, nacional e internacional, caracterizada en primer lugar por la malversación, entre otros, de los recursos del Plan de Alimentación Escolar (PAE) para los municipios de la provincia de Padilla, incluido donde está la mina del Cerrejón. En segundo lugar, de una península guajira con los índices de Necesidades Básicas Insatisfechas más alto del país a pesar de las bonanzas del contrabando, algodonera, marimbera y minera, así como el incumplimiento de la Sentencia T-302 de 2017 para superar la crónica desnutrición de los niños y niñas de la etnia wayuú. En tercer lugar, de una región Caribe cada vez más inequitativa y violenta que no protege a su niñez. En cuarto lugar, de una Colombia desigual que niega el derecho a la alimentación a una población vulnerable como la primera infancia.
Y, en quinto lugar, ante una geopolítica mundial en donde el hambre es usada como un arma de guerra para normalizar genocidios, especialmente de niños y niñas, transcribo las 286 palabras que escribió ‘Lucho’ Díaz a propósito del gol que anotó para ganarle el partido de fútbol al Real Madrid el 15 de abril de 2026 con su equipo Bayern Múnich en las semifinales de la Uefa Champions League que lo posicionó como la figura más destacada a nivel internacional.
“Mi madre me veía con los ojos llenos de lágrimas porque no sabía si habría comida para mí al día siguiente.
Crecí en Barrancas, La Guajira, un pueblo olvidado donde el hambre era más real que cualquier sueño. La desnutrición me acompañó durante años. Mis huesos se marcaban bajo la piel y los médicos dijeron que quizás nunca crecería lo suficiente para ser futbolista.
Pero el fútbol no entiende de diagnósticos.
A los 15 años, todavía caminaba kilómetros bajo el sol ardiente para entrenar con botas rotas y una pelota que apenas inflaba. Mis compañeros me llamaban ‘flaco’. No era un apodo cariñoso. Era un recordatorio constante de lo que me faltaba.
En 2023, cuando el Liverpool pagó 45 millones de euros por mí, los periodistas escribieron sobre ‘el milagro de Luis Díaz’. Pero los milagros no existen. Lo que existe es la terquedad de un niño que se negó a creer que el hambre definía su futuro.
Anoche, en el Santiago Bernabéu, le marqué un gol al Real Madrid en los cuartos de final de la Champions League.
El mismo niño que no tenía para un pan, hoy corre en los estadios más grandes del mundo. La misma madre que lloraba de impotencia, hoy viaja en avión privado para verme jugar.
No escribo esto para presumir. Escribo esto porque quiero que sepas algo: el hambre no es un destino. Es una página en tu historia, no el final del libro.
Si hoy estás en medio de la tormenta, si sientes que el mundo te ha dicho ‘no’ suficientes veces, recuerda mis botas rotas y mis costillas marcadas.
El tamaño de tu sueño no tiene nada que ver con el tamaño de tu estómago.
Luis Díaz”.
Sin justificar la tragedia de su desnutrición, el campeón barranquero ‘Lucho’ Díaz con su edificante testimonio e historia de vida, es ejemplo a seguir y emular, porque contrariando lo afirmado por Frank Fanón, “no somos los condenados de la tierra,” sino como él lo ha demostrado, constructores de hacer realidad nuestros sueños, superando todas las adversidades. Con su tenacidad, perseverancia y disciplina se entiende su meteórica carrera como futbolista que lo tiene posicionado como uno de los primeros y mejores a nivel mundial.
Sin embargo, su esforzado y exitoso caso no excusa ni releva de responsabilidad a alcaldes(a), gobernadores(as), congresistas, politiqueros, Ministerio del Deporte, presidentes de la República para que les garanticen los derechos fundamentales, incluido el de la alimentación, a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes en todos los diversos territorios de Colombia.
De todas formas, y derivado del mensaje escrito por el delantero Luis Díaz hace seis días, tiene un nuevo reto. Estamos seguros de su destacada actuación individual y colectiva en la selección Colombia de fútbol en el marco de la Copa Mundial de la Fifa 2026. Ojalá que sus compañeros de equipo, porque comparten historias de vida similares, se contagien de su empeño y liderazgo para conseguir el mejor resultado en esa competencia deportiva mundial.







