Imposible referirme a Rafael Manjarrez Mendoza sin recordar el aparte que hemos transcrito de la que considero la única ‘canción-prólogo’ de un libro que se ha hecho en el mundo: ‘Vainas y relatos’. La hizo ‘Rafa’, con lo cual me complació el deseo de mi corazón de prolongar una de mis obras que fue publicada en el año 2008. Alguna vez lo dije y ahora lo repito, no he conocido el primer compositor distinto de él que haya tenido la osadía de hacer el prólogo de un libro en una canción,.
Tuve el honor de recibir de él esa honrosa sorpresa. Fue quien prolongó así, con una canción, mi primera obra publicada, pero hasta allí no llega el cuento, es que la hizo en menos de media hora en el estudio de grabación, cuando ya la música estaba grabada. Él le había tarareado la melodía a Carlos Díaz, quien la había dejado grabada allí para colocar la letra cuando terminara de leer el libro, y así fue. Un día me llamó y me contó que estuviera para ver si me gustaba lo que iba a escribir. Se sentó en el suelo y cuando se levantó de allí la letra de la ‘canción-prólogo’ estaba lista. De inmediato pidió que le abrieran micrófono, metió la voz de un solo tramacazo y así quedó. Eso lo hacen los genios, ese hombre parece que cuando era niño hubiera tomado leche de la vaca más famosa de Monguí, ‘La terrible’, del tío ‘Cabo’, que nos hizo crecer y aprender a todos los nacidos en mi pueblo.
Todo lo anterior nos pone de presente a un hombre que con letras y melodías ha escrito durante los últimos 45 años paginas indelebles en la música vallenata y visibilizado la inteligencia y la capacidad creativa de los nacidos en La Guajira, en el país y fuera del mismo. Él es un botón de muestra para las actuales y futuras generaciones, porque sin tener apellidos de alto linaje, sin haber nacido en cuna de oro, pero con una buena crianza, ha sido capaz de sacar la cara por su tierra, de reivindicar la música vallenata como la más importante del país y demostrar además que la música y las ciencias jurídicas no son incompatibles, sino complementarias.
Los amigos de Manjarrez estamos todos complacidos esta vez porque en un acto de justificada deferencia, se le ha tributado al resbaloso jagüero un homenaje a la medida de las circunstancias, la verdad que se lo estaban debiendo porque gracias a sus creaciones también Valledupar y el Cesar han podido mostrar a nivel mundial la grandeza de los compositores que con los acordeoneros, la mayoría de los mejores nacidos en La Guajira, son la materia prima del festival, constituida en su vitrina emblemática.
En su tierra también ha sido justamente reconocido su talento, su meteórica carrera como autor de piezas inmortales del vallenato y la gracia para cantar, lo que ya le ha regalado a la alegría de la humanidad, son varios de los mas importantes festivales que en su Guajira natal han colocado su vida y su obra como referentes para propios y extraños, homenajeándolo y recordándole que él si es profeta en su tierra, y no dudo porque conozco al señor gobernador, a la mayoría de los diputados y a la mayoría de sus alcaldes que también la institucionalidad en el inmediato futuro habrá de hacerle esa exaltación a decenas de manos para testimoniarle nuestra gratitud por hacernos quedar bien a todos, por llevar en alto el nombre de La Guajira y por su mayúsculo aporte a la salvaguardia de la música vallenata tradicional.
Monguí no se quedara atrás, porque por unanimidad, y no ahora, sino el sábado 5 de julio de la presente anualidad, en nuestra reunión de la Junta Organizadora y la Fundación Festival del Dulce de Leche aprobamos hacerles a el y a Beto Zabaleta un reconocimiento especial por su cercanía con nuestro pueblo y porque las canciones de Manjarrez y la música de Beto tienen en ese lugar de gente trabajadora y honrada. la más fiel fanaticada. Allá se les quiere, se les valora y se les respeta, méritos suficientes para testimoniarles nuestra consideración y nuestro aplauso colectivo. Es un homenaje sincero, no oportunista ni por adulación, porque ni ellos lo necesitan ni los Monguieros tenemos vocación para ser aduladores.
El hijo de doña Felicia Sabina (qepd) anda por estos días más contento que avispa carnicera sobre matica de tomate, y lo entiendo. No habían terminado todavía los actos programados con motivo de su homenaje en Valledupar, cuando ya Juan Carlos, su hombre de confianza en la industria del espectáculo, le había contado que debía desplazarse en los próximos días a los Estados Unidos porque le habían programado por allá tres presentaciones para que vaya a cantarles sus canciones.
Así que después de atravesar en chalupa los caudalosos ríos veredales a donde se estará presentando en los venideros días, desembarcará para embarcarse en un grandísimo aparato que volará con él, su fama, Linda, sus vástagas y sus músicos para llegar a esas tierras lejanas a donde nadie le despachará un plato de mazamorra, porque no le entienden y tampoco encontrara un café como el que se le prepara en mi casa, pero ostentara el titulo que le faltaba, el de embajador de la música colombiana en la tierra del primo de Linda Tromp, quien preside ese país. A propósito, no creo que Donald deje venir a ‘Rafa’ de allá sin que le cante en el patio de La Casa Oval, la residencia de los presidentes norteamericanos. Desde ya debe comprar el diccionario Inglés-Español, pero que sea Larousse.
Nuestras felicitaciones al hombre que fue capaz de hacer una canción de amor a partir de la pérdida de la billetera con sus documentos, claro, solo papeles, porque en ese tiempo billetes no había. Él ha sido, es y será por siempre ¡genio y figura hasta la sepultura!






