“Ahora que la dama tiene plata viene el galán a la casa y promete quererla, claro tiene el gas que es una ganga, la sal de Manaure y su carbón de piedras”.
El aparte transcrito corresponde a la canción ‘La dama guajira’ de la autoría de Hernando Marín la cual vino a mi mente a propósito de oportunistas silencios mientras algunos están matando el grillo para sacarle el pito.
Una vez más tenemos que pronunciarnos porque quienes deberían hacerlo están agachados y con la cabeza enterrada como avestruz a la espera que el peligro pase, acerca de un tema espinoso y de moda, relacionado con la actividad extractiva de la empresa Cerrejón en La Guajira, ya lo habíamos dicho en nuestra columna hace más de un año, que hay gente que sin medir palabras y consecuencias manifiestan su deseo que esa empresa se vaya de La Guajira, todo bajo el silencio preocupante con olor a complicidad de quienes por las dignidades que ostentan en el nivel territorial deberían fijar su posición, pero pasan de agache, porque independientemente que a La Guajira no le lleguen regalías, o se le suspendan a los municipios a ellos sí les está yendo y les irá bien..
Reiteramos que quien no conoce la historia está condenado a repetirla, en nuestra publicación recordamos esa vez que en la crónica titulada ‘De la marimba al Cerrejón’ en el año 2018, el proyecto minero que hizo posible la explotación de las minas de carbón en el Cerrejón fue la válvula de escape que impidió la implosión de La Guajira en un período oscuro cuando la sangre inundaba nuestras calles y caminos y los perros comenzaban a dormir el hambre en los fogones al mediodía en miles de hogares en este Departamento, la bonanza marimbera que se acabó sin vísperas y desaparecieron de nuestro suelo septentrional los racimos de dólares, de ellos solo quedó el recuerdo y muchísima gente en la carraplana, en la física ruina porque se pensaba que el arroyo de leche y miel sería interminable.
Somos conscientes que la minería tiene consecuencias ambientales, que afecta la salud de las personas y a veces de los animales también, pero para soliviantarlas hay medidas de protección y mecanismos que garantizan el cuidado, promoción y prevención de la salud de sus trabajadores y los habitantes de su entorno, también las autoridades ambientales en cumplimiento de su deber de proteger el ambiente han diseñado planes de gestión ambiental, que incluyen reforestación y conservación de fuentes hídricas adyacentes a la actividad minera que han permitido la convivencia y la coexistencia pacífica entre la explotación del mineral, la protección del medio ambiente y las mejores condiciones de vida de las comunidades cercanas con respeto a sus derechos, usos y costumbres, igual hay que poner de presente que no es responsabilidad de esa empresa que la corrupción haya penetrado todos los sectores socioeconómicos, incluidas algunas autoridades tradicionales-, que han hecho mal uso de las consultas y de los recursos que han recibido y ahora después de malbaratar lo recibido piden que las empresas se vayan del territorio.
Reiteramos lo que ya hemos advertido anteriormente, se está haciendo protagonismo, proselitismo y oportunismo con temas tan delicados como el calentamiento global y el medio ambiente mientras los culpables del hambre de nuestros hermanos wayuú, como gitanos afiebrados en noche de luna llena, grisapean a los cuatro vientos diciendo que la culpa es de las empresas mineras, que la pobreza ha aumentado exponencialmente por la presencia de empresas que llegan a la región para instalar equipos para la transición energética o para actividades de extracción de recursos no renovables y grisapean que “las empresas no han dejado nada en La guajira”, es decir a los bolsillos de los bellacos. Esa vaina hace imperativo un llamado a reflexionar, lo hago con toda objetividad, nunca me ha regalado El Cerrejón ni un llavero porque el Premio Periodismo en 2018 me lo gané, nunca esa empresa ni sus contratistas me han regalado ni un almanaque, por eso me considero objetivo y con autoridad para escribir, describir y llamar la atención sobre el asunto, también lo había dicho y lo repito, insisto, cuando se inició el proyecto del Cerrejón operado por Intercor, Calabacito se conocía porque allá estaba San Rafael Arcángel y era un caserío chiquitico y pedregoso que tenía una sola calle pavimentada porque Amylkar, mi hermano, se lo gestionó la primera vez que fue senador de la República por petición de unos jovencitos inquietos, entre ellos Aurelio y Moisés Arregocés y la estudiante de Trabajo Social Oneida Pinto.
Si no hubiera sido por el Cerrejón, ese lugar donde está San Rafael todavía fuera corregimiento de Maicao, el municipio de Albania nació, en el año 1995 cuando unos Quijotes soñadores decidieron echarse el tema encima, de ese grupo recuerdo a Aurelio Arregocés, Osvaldo Mejía, Jorge Jiménez, Álvaro Gustavo Rosado, ‘Beto’ Aragón, Wilfrido Ustate, Adel Gil y Arlides Pinto. Albania después de muchas peripecias, incluido un referéndum el 19 de marzo del 2000, se aprobó la Ordenanza Número 001 del 27 de marzo de 1995, esas gestiones para los temas administrativos y los judiciales se realizaban desde mi oficina en la Unidad Jurídica del Instituto de Seguros Sociales, desde allí se analizaron documentos, proyectaron oficios y se movieron relaciones para lograr el propósito de ‘Calabacito’, pero muy pocos recuerdan esa historia porque la memoria es desagradecida.
Ahora, si para complacencia de los irresponsables que desean fervientemente la partida de la multinacional de nuestro Departamento esta se va, que los hatonueveros tampoco canten victoria porque la inminencia de que vuelvan a ser corregimiento de Barrancas no es descartable, tengan presente que si no se hubiera dado la explotación del carbón no fueran municipios ni Hatonuevo, ni Albania. Lo lamento por ese lugar acogedor, de gente buena, buenos amigos, donde muchos de mis familiares sembraron sus raíces, despensa agrícola de la región, orgulloso de haber parido a Leandro Díaz, por eso no creo que haya una persona sensata cuyo ombligo sembraron allí, que le haga coro a quienes irresponsablemente están pidiendo que las mineras se vayan de La Guajira, eso es como matar el grillo para sacarle el pito. No soy adivino, pero advierto una vez más que la inseguridad, el desempleo y la falta de empleo, de ingresos, de calidad de vida, nos llevará al precipicio.
Cuando las empresas se vayan para el Cesar me imagino a los perros durmiendo al mediodía en los fogones, y la gente en La Guajira diciendo “Los vallenatos todo nos lo quitan”.
A todas estas preguntamos, ¿qué dicen de esto las organizaciones sindicales y quienes tienen en las manos unas credenciales que les fueron entregadas para defender los intereses de La Guajira en distintas corporaciones públicas?
¡¡¡Dios se apiade de La Guajira!!!







