La calma de una tarde en el barrio San Francisco de Bucaramanga se transformó en angustia cuando una pared de tapia pisada colapsó de manera repentina y estuvo a punto de sepultar a un niño de apenas cuatro años. El menor, que salía de un restaurante en compañía de su abuela, logró escapar segundos antes del impacto.
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El hecho ocurrió en la carrera 24 con calle 21 y quedó registrado por una cámara de seguridad. En las imágenes se observa al pequeño salir del establecimiento justo en el instante en que la pared de una vivienda vecina se desploma estrepitosamente.
El estruendo sorprendió a residentes y transeúntes. “Fue un ruido tan fuerte que pensamos que un camión se había estrellado contra el restaurante”, narró un testigo. La abuela del menor, aún conmocionada, relató en diálogo con Noticias Caracol: “Yo pensé lo peor, que el niño se me había quedado debajo de los escombros. Lo buscaba desesperada y no lo encontraba”.
Afortunadamente, el niño no sufrió lesiones. Según reportaron las autoridades, las fuertes lluvias recientes habrían debilitado la estructura, lo que provocó el colapso.
Este episodio reabre el debate sobre el riesgo que representan las edificaciones antiguas en Bucaramanga y la urgencia de reforzar controles preventivos.








