Recordando las anécdotas que le escuché al compositor Leandro Díaz, justo en un mes de octubre allá en la tierra de ‘Lola La Negra’ y ‘Lola La Blanca’, le pregunté a Ivo, a cerca de Leandro como papá.
“A nosotros nos legó, toda una historia, todo un sentimiento, toda una capacidad de vida. Leandro fue un hombre que supo vivir y sortear todas las dificultades que la vida le presentó, hasta convertirse en un ejemplo para la sociedad. Lo recuerdo con mucho amor, me enseñó todo lo que sé. Un buen consejero, su espiritualidad, porque fue un hombre de Dios; siempre nos inculcó el buen comportamiento, el respeto por los demás, amar la vida, respetar la naturaleza y tener claro que el hombre tiene que superarse. Siempre quiso que fuéramos a la escuela, que nos formamos como profesionales ya que él no pudo tener la dicha de formarse en un plantel educativo. Mi papá nos amaba, nos dio una crianza con muchos valores, nos regaló mucho amor y nos enseñó todo”. Me respondió Ivo Luis, notablemente inspirado por la vida de su padre.
No sólo a Ivo, Leandro y Diana, (Sus hijos) inspiró Leandro el Viejo, pocos son los compositores de la música vallenata, que bebieron de la fuente, que no han mencionado a Leandro en alguna de sus canciones. Por razones de tiempo y espacio, y sobre todo porque su canción Ciegos Nosotros no sólo lo menciona, sino que lo enaltece y es mucho más que una canción a Leandro, voy a invitar a ese otro genio de la inspección Adrián Pablo Villamizar Zapata.
Ciegos nosotros, en mi opinión, es la más hermosa y sublime obra, dedicada al poeta mayor, con justa razón ganó el más codiciado premio a la canción vallenata en Valledupar. “Ciegos Nosotros a pesar de lo que parece, no es una canción que hable de Leandro Díaz o que esté dedicada a él. De eso me di cuenta días después, semanas tal vez, de haberla copiado del ángel que me la dictó”. Me dice Adrián Pablo, queriendo indicar que fue un asunto divino: de ángel a ángel, siendo él, El Ángel Bohemio, (su seudónimo musical).
“Ciegos nosotros los que no apreciamos lo que fue creado con fascinación. // Ciegos nosotros porque no encontramos en el ser humano la imagen de Dios//”.
“Tendría unos 12 años tal vez. Ahí estaba Leandro en un taburete acompañado de Toño Salas que tenía un sombrero blanco. Lo supe porque alguien me lo dijo. Al rato descubrí en su voz las canciones que me sabía desde pelaito como la Diosa Coronada (LP de Alfredo). Desde ese momento nació mi asombro y mi capacidad de reconocerlo en cualquier escenario o canción… Cualquier domingo organizamos un asado de los que hacía mi viejo, allá en la casa de San Diego. Leandro, Clementina, Ivo, creo que su hermano menor, mi papá y yo. Esa tarde me devoré a Leandro completico, no había guitarra, no había acordeón, nada de eso. Leandro abrió su biblioteca y empezó la cátedra. Ivo le contó lo de la canción mía “Rl Nagel Bohemio” que tiene una clara mención de Leandro, y la canté a capela. Ese día se selló una especie de rara complicidad espiritual entre ese prócer, su hijo y yo que perdura hasta hoy con todos los miembros de su familia”, terminó de decir Adrián Pablo.
Y yo digo: No, Leandro no es un autor grande entre los grandes, él tiene birretes imposibles de alcanzar. Sólo él vio con los ojos del alma, sólo Leandro le ganó a la pena en una discusión, porque ese talento de él tiene un sentimiento grande y cuando quiere fallar, siente que Dios no lo deja. Y es que Leandro entendió que no se trataba de él, sino de Dios, porque fue Dios el que puso en su alma Arte, Respeto y Amor. Leandro comprendió, que sin vista, es la mejor forma de ver a Dios.








