autoritario de Manuel Antonio Noriega, dictador y general autoproclamado que gobernaba de facto desde 1983. Aliado de la CIA y del Gobierno estadounidense, Noriega cayó en desgracia con Washington, que lo acusó de tráfico de drogas. Sus lazos con el cartel de Medellín y el rechazo a reconocer la victoria electoral de Guillermo Endara llevaron al presidente George H.W. Bush a autorizar la invasión de Panamá por las fuerzas estadounidenses. Después de varios días refugiado en la Nunciatura Apostólica, Noriega se rindió y fue llevado a Estados Unidos, donde fue sentenciado a 40 años de prisión por delitos de narcotráfico. La invasión dejó una honda cicatriz en Panamá, con un saldo trágico de cientos de muertos y la devastación de barrios enteros en la capital.
Venezuela 2025. El Gobierno de Nicolás Maduro, cuya legitimidad es cuestionada tras las controvertidas elecciones de 2024 denunciadas como fraudulentas por la oposición, enfrenta serias acusaciones de narcotráfico. Maduro, junto a Vladimir Padrino, ministro de Defensa, y Diosdado Cabello, ministro del Interior, son señalados como figuras clave del presunto ‘Cartel de los Soles’. Ante esta situación, el Gobierno del presidente Trump emitió una orden militar, desplegando una importante fuerza anfibia en la región – compuesta por un portaaviones, un avión espía, buques destructores, un submarino y 4.000 marines. Esta demostración de fuerza ha alimentado intensos rumores sobre una posible intervención militar.
La crisis económica, social y política sin precedentes que afecta a Venezuela, ha provocado un éxodo migratorio masivo con graves consecuencias para toda la región. Estados Unidos, país que ha impuesto sanciones económicas a Venezuela, ha manifestado su deseo de impulsar una ‘transición democrática’. Sin embargo, algunos analistas sospechan que esta declaración diplomática podría encubrir la posibilidad de una intervención militar. En este contexto, la pregunta clave es: ¿consideraría Estados Unidos una invasión a Venezuela como una opción para derrocar al régimen de Maduro?
La crisis en Venezuela evoca la situación que Panamá enfrentó en 1989. Un Gobierno de facto, objeto de acusaciones graves por violaciones a los derechos humanos y nexos con el narcotráfico, ejerce un control implacable sobre la población. Los venezolanos, atrapados entre la pobreza extrema y la represión sistemática, padecen las consecuencias de un régimen ilegítimo. Ante este panorama, Estados Unidos considera la situación como un problema de seguridad nacional que amenaza sus intereses, así como la libertad y la democracia en la región.
La Doctrina de Seguridad Nacional estadounidense moldea la política exterior del país, definiendo las estrategias para proteger sus intereses y los de sus aliados, con un fuerte enfoque en la proyección de poder militar y político a nivel mundial. Esta doctrina ha servido para justificar intervenciones militares estadounidenses en el extranjero. La invasión de Panamá, por ejemplo, se argumentó como una medida estratégica para asegurar el acceso y el control sobre el Canal de Panamá. De forma similar, algunos sugieren que una posible intervención en Venezuela estaría impulsada por la necesidad de limitar la influencia de actores como China, Rusia e Irán, debido a la creciente alianza de Venezuela con estos países.
El narcotráfico representa una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. El país sufre el ingreso constante de drogas, principalmente a través de su frontera, con la participación de carteles mexicanos, colombianos y, más recientemente, el ‘Cartel de los Soles’. Para contrarrestar eficazmente este problema, Estados Unidos considera fundamental interrumpir el flujo de drogas. Una estrategia es el establecimiento de un bloqueo militar en el Caribe, con el objetivo de interceptar las rutas marítimas y aéreas utilizadas por los narcotraficantes. Esta medida también atacaría a las Farc y al ELN, organizaciones consideradas aliadas de los carteles y, a su vez, identificadas como grupos involucrados en el narcotráfico, convirtiéndolas en objetivos prioritarios en la lucha contra las drogas declarada por Estados Unidos.
Los intereses de Estados Unidos en Venezuela abarcan el sector petrolero y el militar. La importancia estratégica del petróleo venezolano para Washington radica en sus vastas reservas probadas, las mayores a nivel mundial, y la presencia de la compañía estadounidense Chevron. En el sector militar, la creciente influencia iraní en Venezuela preocupa profundamente a Estados Unidos. Existen denuncias sobre la posible extracción de uranio enriquecido por parte de Irán en territorio venezolano para su programa nuclear, así como el establecimiento de una fábrica de drones militares, instalaciones de inteligencia y equipos de espionaje. Estas actividades se consideran una amenaza potencial para la seguridad nacional de Estados Unidos.
Además. Estados Unidos ve amenazada su seguridad por la crisis migratoria venezolana, la expansión de la organización criminal ‘Tren de Aragua’ y, fundamentalmente, por la injerencia desestabilizadora del régimen de Nicolás Maduro en la región. Estos factores impulsan a Washington a considerar la destitución de Maduro y su círculo cercano como una solución para mitigar las tensiones políticas en América Latina, avivadas por un narco-régimen que atenta contra la estabilidad democrática.








