Ojalá entendamos que el rico por ser rico no es malo ni el pobre por ser pobre es bueno, la bondad y maldad coexisten en el interior de cada ser humano. No es la lucha de clases lo que permite que un pueblo alcance la cima de su desarrollo como cultura y civilización, sino el trabajo en equipo, reconociéndonos los unos a los otros desde nuestras diferencias. No es la cultura del descarte, la indiferencia y la estigmatización la que nos llevará al progreso y bienestar colectivo. No es reviviendo las heridas del pasado guerrillero o paramilitar del país, sino sanando las heridas a través del perdón y la reconciliación que mostramos nuestra grandeza como país.
Increíble pero cierto, que nuestra polarizaciones se reflejen en los diversos sectores de la sociedad colombiana; político, académico, cultural, religioso y hasta deportivo, en fin. Ahora nos embarga la tristeza por nuestra selección de fútbol que no clasificó al mundial de Qatar 2022, lo cual es entendible, desde el punto de vista deportivo, pero a la vez refleja la división que vivimos como país, al tiempo que demuestra nuestros desequilibrios psicológicos y emotivos de una sociedad que pareciera sentir más dolor por esto, que por tantas vidas laceradas, pisoteadas y silenciadas para siempre a través de la violencia.
No pensemos que alguien por llamarse de derecha y llevar a Dios en su boca en verdad es creyente. También muchos dicen creer en Dios y aprueban crímenes e injusticias abominables. O tal vez porque alguien se presente como de izquierda le falta fe o la quiera atacar, hay muchos que son creyentes y lo son de verdad al punto que con su testimonio lo demuestran. Eso nos pone en alerta para no dejarnos engañar por vientos y rumores mentirosos, que sólo buscan manipulaciones a su favor. Ya desde tiempos antiguos los protestas de Israel denunciaban las injusticias de los poderosos, quienes olvidaban que su poder venía de Dios para servir, proteger y cuidar al pueblo, no para servirse del pueblo, destruir y oprimir a las personas. Por ejemplo Amós decía:
El profeta presenta a Dios simbólicamente rugiendo como un León para decirles a los poderosos, que Él es el verdadero Rey del Universo y que ahora envía a un pastor como profeta, se trata de Amós, para denunciar los pecados del pueblo y a la vez anunciar el tiempo del perdón y la misericordia. Porque quien más sufre y padece dolor cuando sufre el ser humano, es el mismo Dios que nos ha creado a su imagen según su semejanza, Él nos ha hecho sus embajadores y representantes sobre la tierra, por lo cual sufre y mucho, al vernos extraviados lejos de su amor, distrayéndonos los unos a los otros y destruyendo también esta tierra hermosa que nos dio para nuestro deleite, disfrute y felicidad.
El león ruge cuando quiere reunir su manada, poner límites a sus enemigos y mostrase cómo protector. Cuando quiere atacar permanece en silencio y de forma sorpresiva se lanza sobre su alimento. Dios no se queda en silencio ante las injusticias, Dios nunca es imparcial, Dios ruge como un León desde oriente a occidente, desde el norte al sur, por todos los confines de la tierra hace oír su voz.








