En la infancia aprendimos que la vida es un don de Dios. La Constitución colombiana en el artículo once ampara y protege la vida. Hasta ahora, los seres humanos siempre hemos admitido el valor objetivo, inalienable y supremo de la vida humana.
Sin embargo, en estos tiempos posmodernos, de gran confusión en materia de principios morales a causa del relativismo en que vivimos, surgen ideas en contra de la vida, que parecen no entender, contradicen y hasta niegan lo que siempre ha gozado de claridad en la conciencia humana: “que matar a otro ser humano es un acto intrínsecamente malo”; por lo cual es importante reafirmar que el quinto mandamiento de la ley de Dios está vigente y que el artículo once de la Constitución no ha sido derogado.
Es que matar es matar y un homicidio es un homicidio, aunque la vileza del acto pretenda revestirse de una elegancia que tiene el ropaje de palabras y expresiones novedosas. Así de claro, no existe un llamado interrupción voluntaria del embarazo, sino un aborto, no existe un legrado, sino un aborto con el que voluntariamente se pone fin a una vida humana.
Ahora la Corte se quita la máscara y despenaliza el aborto hasta los seis meses de edad gestacional del bebé, desconociendo la razón natural y la embriología humana que afirma como ciencia que ese individuo pertenece a la raza humana y como tal es sujeto de derechos y se debe respetar. Ya decía Tertuliano: “¿Cómo no podrá llegar a ser aquel que está en camino de serlo?”. Y el Papa Francisco: “¿La sola razón es suficiente para reconocer el valor inviolable de cualquier vida humana?”. (EG No. 213).
Ante las últimas decisiones de la Corte, respecto a la despenalización de la Eutanasia y del aborto hasta los seis meses de vida gestacional, amen, de los tres casos, despenalizados hace años, pienso que definitivamente nos ha tocado vivir un momento histórico de gran confusión en materia de principios morales.
Si el Estado está empeñado en custodiar y promover la dignidad de la persona, tiene que cumplir con su deber constitucional de defender la vida humana como derecho “inviolable”, como reza la Constitución colombiana, pero desde el momento de la concepción hasta la muerte natural.
Es que cuando uno mata a otro incurre objetivamente en culpa grave, aunque los sabios del momento, los legisladores o las altas Cortes justifiquen o despenalicen el acto.
Si, la vida humana se respeta, desde la concepción hasta a muerte natural.








