Por: Abel Medina Sierra
Hay talentosos y prometedores jóvenes que han irrumpido en la escena política nacional conquistando altos cargos, que fueron presentados como pilosos o genios precoces por sus altas cualidades y sus descrestantes créditos.
Durante los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez, aparecieron dos pilosos. Uno de ellos fue Jorge Noriega Cotes, el presidente lo defendía como un talentoso, amable y honrado muchacho de provincia. Pero, Noriega terminó orquestando la empresa criminal más temible, poniendo el DAS al servicio de los paramilitares, chuzando potenciales opositores al gobierno y a hacerles seguimiento ilegal. El piloso muchacho quien también había sido cónsul en Milán, terminó condenado a 25 años de cárcel.
En el mismo gobierno que conocimos a Andrés Felipe Arias. Economista de la Universidad de los Andes, con maestría y un doctorado en economía de la Universidad de California. Fue escalando cargos para llegar a ministro de Agricultura y Desarrollo Rural en el 2005. Era el ministro estrella, seguro relevo generacional de Uribe Vélez. Por eso se lanzó a la candidatura presidencial y ya se pintaba en Casa de Nariño.
Pero, apareció el sonado escándalo de Agro Ingreso Seguro y, de “Uribito”, se comenzó a mostrar al país el lado pillo. Por desviar subsidios que debían ir a pequeños agricultores para grandes terratenientes políticos, terminó en un proceso del que salió en el 2011 destituido e inhabilitado por 16 años por la Procuraduría y luego, en el 2014 condenado a 17 años y 4 meses de prisión por la Corte Suprema de Justicia. De ser la figura joven más promisoria en la política nacional, pasó a ser el ícono de la corrupción por uso del dinero público como puente ilegal para llegar a presidencia.
Años después, supimos de otro pilo de alto vuelo. Luis Gustavo Moreno, abogado penalista barranquillero, docente universitario con maestría en Derecho penal, en Derecho procesal de la Universidad Jaime I de España, especialista en Derecho probatorio. Todos los lauros académicos para llegar a la cúspide. “Morenito”, al llegar a director nacional anticorrupción de la Fiscalía General de la Nación, pensó que de nada valía tener tan alto cargo si eso no representaba ser millonario. Fue entonces que creó la tenebrosa alianza llamada “el cartel de la toga”. Un entramado de corrupción entre la Fiscalía, los jueces y magistrados para cobrar miles de millones por fallos absolutorios y demandas favorables. En el 2018, Moreno fue extraditado a los Estados Unidos, donde el “pillo” fue “pillado” lavando activos.
El más reciente caso de pilos que pasaron a ser pillos: “El Pollo” Luis Alberto Rodríguez. Economista con maestría en Política Económica de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos. Una deslumbrante y meteórica carrera lo llevó a ser jefe de estudios económicos de Asobancaria; asesor económico en el PNUD, del BID, la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios y docente universitario. Con solo 32 años, fue flamante director del Departamento Nacional de Planeación de Colombia en el gobierno Duque. Hasta llegó a ser reconocido como uno de los 100 jóvenes líderes más influyentes a nivel internacional y como uno de los jóvenes más sobresalientes de Colombia en 2018.
Era el “pilo” del gobierno junto a su paisano Malagón. Pero, “El Pollo” pronto vio crecer su pico y sus alas. Quería más y eso significaba convertirse en acaudalada figura, además de apostar por convertirse en Contralor de la República. Desde el Departamento Nacional de Planeación, según revelan fuentes periodísticas, creó una red de corrupción para pedir coimas a cambio de obras que hacen parte de los recursos de Ocad-Paz, desde donde se definen proyectos de inversión que permitan consolidar el acuerdo de paz de 2016.
Lo anterior evidencia que, así como hay pilos muy juiciosos que colman de orgullo a su familia y a sus paisanos, otros, de esos que “se quieren comer el mundo”, se creen tan listos que tragarse el mundo lo entienden como embutirse de dinero mal habido y prestarse para cualquier empresa criminal. Estas son muestras de cómo, a veces, el camino para pasar de ser pilo a pillo solo necesita la “ele” de lujuria.
En adelante, es mejor desconfiar de esos jóvenes pilos que nos vende el oscuro mundo de la política tradicional.








