Dedico gran parte de mi tiempo a la lectura de los relatos y las crónicas que se escriben sobre nuestra ciudad. Yo mismo he escrito muchos de esos textos. Es una forma de recrear la vida de años pasados y de comprobar que en Santa Marta muchas cosas han envejecido y otras ya no existen. Las calles de la ciudad, por ejemplo, se numeraban de sur a norte; muchas de ellas se conocían por nombres que poco a poco han pasado al olvido. Decirle hoy a un samario que el restaurante por el cual él pregunta está situado frente a la antigua Gota de leche y que la batería que necesita para su carro la consigue en la cuadra de la Caja de agua, es dejarlo sin almuerzo y varado al mismo tiempo. Sería, además, una maldad imperdonable. No cometa la imprudencia de ordenarle a un taxista que lo lleve al barrio Berlín.
¿Cómo no admitir ahora que nos relajábamos cuando asistíamos al Cine Variedades (lo llamábamos teatro) para ver las películas que allí se exhibían, una en vespertina y dos en nocturna? En el intermedio de la función nocturna era costumbre salir a comprar unas arepas asadas, deformes, que vendían frente a la puerta, y en seguida adquirir el guarapo de panela que permitiera ‘bajar’ la masa compacta de esas arepas.
Pero ya que hablamos del ‘Variedades’, recordemos a uno solo de los actores preferidos por el público de esa sala: Cantinflas, quien este año hubiera cumplido ciento catorce años de vida; el 12 de agosto, exactamente. Pues sí, Fortino Mario Alfonso Moreno Reyes nació en 1911 y llegó a ocupar un lugar de preferencia entre los amantes del cine cómico latinoamericano. En su juventud interpretó pequeños papeles en actos de variedades, pero más tarde descubrió que la incoherencia de sus diálogos causaba risa entre los espectadores y se fue por esa vía hasta lograr el éxito en el cine. Llegó a considerársele entre los tres mejores cómicos del mundo, junto al británico Charles Chaplin y al estadounidense Groucho Marx. La principal característica de Cantinflas era decir muy poco en muchas palabras; sin embargo, el actor, para desahogarse, “empleaba en sus películas diálogos y situaciones en las cuales criticaba y hasta ridiculizaba a los poderosos mezquinos. Nunca lanzaba ofensas directas a nadie pero sí suficientemente explícitas para que todos los culpables se dieran por aludidos”.
En 1956 ‘La vuelta al mundo en 80 días’ (su primera actuación en inglés) permitió a Cantinflas ganar el Globo de Oro en la categoría de mejor actor en el género musical o de comedia. Por esa película, David Niven fue señalado como el principal actor en los países de habla inglesa mientras que Cantinflas lo fue en el resto de los países. En ese momento fue considerado el actor mejor pagado del mundo. La primera película de Cantinflas fue ‘No te engañes, corazón’ (1936), pero su primer éxito lo consiguió con ‘Ahí está el detalle’ (1940). Y así como el actor representó en sus inicios a un ‘pelao’ barrendero y borrachito, también interpretó papeles como boxeador, bailarín, lustrabotas, torero y político.
Pero además de las películas cómicas y de muchísimas dramáticas y de vaqueros, nos deleitaban las bailarinas famosas de la época: María Antonieta Pons, Ninón Sevilla, ‘Tongolele’, ‘Meche’ Barba, Rosa Carmina y Amalia Aguilar, entre otras. Conformaban un verdadero ‘ramillete de molinillos humanos’ que hacía delirar a los cinéfilos de los años cuarenta hasta principio de los sesenta. ¡Qué recuerdos nos dejaron los cines de Santa Marta! Sobre todo el Variedades, con su clientela fiel, aunque sin remordimientos a la hora de buscar películas de su agrado en las pantallas de La Morita, el Colonial, el Paraíso, el Popular y el Carioca… El teatro Santa Marta -el único que existía en la ciudad- era cosa aparte. Su merecida distinción no se prestaba para que el espectador expresara sus emociones sin ataduras. Era, se decía, ‘de caché’. Los cines sin techo desaparecieron para siempre. ¡Es el progreso!, te van a decir.








