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Del sur de La Guajira para La Guajira

El norte de La Guajira, conocido como la Alta Guajira o territorio ancestral wayuú, el sur de La Guajira, la Baja Guajira o Provincia de Padilla, que representa…

El norte de La Guajira, conocido como la Alta Guajira o territorio ancestral wayuú, el sur de La Guajira, la Baja Guajira o Provincia de Padilla, que representa…

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El norte de La Guajira, conocido como la Alta Guajira o territorio ancestral wayuú, el sur de La Guajira, la Baja Guajira o Provincia de Padilla, que representa una fuente vital de soporte, recursos, interdependencia y contraste cultural; el norte es profundamente wayuú, con sus propias leyes, palabrero, lengua y organización comunitaria adaptada al desierto. El sur mezcla herencias campesinas, vallenatas, afrodescendientes y mestizas; desde La Jagua del Pilar, pasando por Urumita, Villanueva, San Juan del Cesar, Distracción, Fonseca, Barrancas y llegando a Hatonuevo, La Guajira Sur, ofrece una zona fértil, montañosa y agrícola, con abundancia de agua, ríos y vegetación con la bendición de dos ecosistemas; la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá. Mientras que en el norte encontramos un norte, desértico, árido y con graves dificultades de acceso a agua potable y alimentos, reconociendo que tiene innumerables riquezas expresadas en su cultura wayuú, sus playas, su gente y alberga la capital de esta bella península.

El sur es una conexión geográfica y logística; funciona como un pulsor de abastecimiento de productos agrícolas, ganado y recursos que escasean en la aridez del desierto; además, el sur actúa como el enlace con el interior de Colombia hacia el departamento del Cesar y el resto de la región Caribe. Esta diferencia marca un equilibrio en la identidad del Departamento: mientras el norte simboliza la resistencia cultural extrema frente a un clima hostil, el sur representa la abundancia verde, la música vallenata y la vocación agrícola de La Guajira. El sur, rompe con la imagen tradicional del desierto norteño, ofreciendo paisajes más verdes, ríos, serranías y una fuerte herencia cultural.

Decía Misael Velásquez Granadillo, hoy ya como exsecretario de Gobierno Departamental, donde dejó una huella importante, en un artículo publicado en el Diario de Norte, que en el sur de La Guajira, no podemos quedarnos esperando y que en el sur de La Guajira también se merece hablar de futuro. La discusión sobre si las administraciones departamentales de La Guajira hayan subutilizado el potencial del sur de La Guajira abarca múltiples perspectivas entre líderes regionales, gremios y habitantes de municipios como San Juan del Cesar, Fonseca, Distracción, Villanueva, El Molino, Urumita y La Jagua del Pilar, principalmente sin excluir a Barrancas y Hatonuevo.

No está lejos de la realidad que diversos sectores comunitarios y analistas locales, o denuncias de gremios  donde se destacan los del campo, han argumentado que los gobiernos departamentales históricamente han concentrado la atención política y presupuestal en Riohacha y en el norte del Departamento, o bien se han enfocado en la crisis de la Alta Guajira y la minería de carbón (Cerrejón), dejando relegada la vocación agrícola, hídrica y turística del sur; uno de los ejemplos más visibles que se ha convertido en ‘el cuento del gallo capón’ es la cuestionada obra que durante años no ha tenido un claro interés por parte de los que pueden para la puesta en marcha de la optimización del distrito de riego y los  acueductos que se puedan generar del embalse de la represa del río Ranchería, un proyecto estratégico para potenciar la producción agrícola de la región que ha esperado por más de una década una articulación efectiva entre la Nación y la Gobernación, sin dejar de mencionar el abandono de las vías terciarias, que atrasan el desarrollo sostenible y el ingreso de verdaderos recursos a los hogares, fruto de las bondades del campo; el acceso al agua potable también que padecen los 9 municipios de los 15 que tiene el Departamento, la inseguridad que ya se está arraigando en esta región, sumado a otras necesidades sentidas y vividas por los guajiros que habitan en el sur.

La Registraduría Nacional del Estado Civil reporta un censo electoral de 708.846 ciudadanos habilitados para ejercer su derecho al voto en los 15 municipios del Departamento, siendo Riohacha el mayor potencial con 156.397 ciudadanos habilitados, le siguen Maicao con 141.997, Uribia, con 131.221. En el sur, San Juan del Cesar registra el mayor número de sufragantes, con 36.569, seguido de Fonseca con 32.400, Villanueva cuenta con 20.317 y el de menor potencial es La Jagua del Pilar, con 5.368 votantes. Aquí es donde está la zona gris de por qué el sur sigue esperando, el potencial de solo tres municipios del norte, Riohacha, Maicao y Uribia suman 429.615 personas habilitadas para votar sin cuantificar los otros municipios del norte, mientras que la suma de los 9 municipios del sur, suman 168.599 sufragantes habilitados, hasta un niño con dos dedos de frente entienden que el cálculo electoral está por encima del buen aprovechamiento de las bondades que tiene el sur de La Guajira, que se reflejaría positivamente para todo el Departamento, si hubiese más responsabilidad y sentido de pertenencia con esta zona sur del Departamento.

Ironías de la vida, hoy el ministro de Agricultura, Indalecio Dangond Baquero, oriundo del sur, del municipio de Urumita, la primera salida al exterior para gestionar por el desarrollo del país, lo primero que antepuso fue el norte de La Guajira, sin cálculos electorales su visión se centra para todos, Norte, Centro y Sur; con su visita a Israel, La Guajira podría aprovechar tecnología israelí para producir alimentos en zonas desérticas; él y otros representantes del Gobierno colombiano y empresarios israelíes participaron en una reunión en Tel Aviv para conocer tecnologías de riego, producción agrícola y aprovechamiento eficiente del agua; ahí conocieron experiencias de producción en terrenos áridos, sistemas de irrigación y alternativas de financiación para desarrollar proyectos que permitan aprovechar los recursos naturales de manera eficiente, sobre todo en el norte de La Guajira, con la ñapa de poder llevar agua de la represa del Ranchería a zonas desérticas.

Sabemos que los 168.599 votos que se puedan generar en el sur de La Guajira no son atractivos para los dirigentes del norte, pero hay que ser equitativos con las 256.716 personas que también son guajiros y habitan en el sur, distribuidos en 9 municipios; San Juan del Cesar: 60.551 habitantes, Fonseca: 56.479 habitantes, Barrancas: 44.229 habitantes, Villanueva: 33.492 habitantes, Hatonuevo: 23.834 habitantes, Distracción: 14.375 habitantes, Urumita: 12.002 habitantes, El Molino: 7.469 habitantes, y La Jagua del Pilar, 4.285 habitantes; vuelvo a lo escrito por Misael Velásquez, oriundo también del sur, de Fonseca, hay que escribir del sur de La Guajira y que el punto de partida no sea la violencia, hablemos de las bondades de cómo se puede fortalecer más el Sena, cómo se aprovechan con más eficiencia las aguas del embalse del río Ranchería, de la tierra que podría producir más, de la Universidad de La Guajira y sus nuevas facultades; del turismo, de sus profesionales. La Guajira también merece hablar de futuro.

La idea es que el norte, centro y sur de La Guajira deben integrarse sin divisiones políticas ni egoísmos en una visión compartida por diversos líderes, políticos, académicos y sectores sociales para buscar un desarrollo equitativo para todo el Departamento. Históricamente, las diferencias en la distribución de recursos como las regalías de la minería y el gas y el enfoque de las inversiones públicas han generado tensiones o brechas de desarrollo en los sureños; hay que superar los ‘espejos retrovisores’ lo que implica dejar atrás las culpas de administraciones pasadas o los que no votaron por mí para concentrarse en soluciones conjuntas ante los desafíos estructurales de la región; una integración real y sin egoísmos que permita articular el gran potencial del Departamento y algún día ver La Guajira que todos soñamos de norte a sur.

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