Por: Rodrigo Alberto Daza Cárdenas
No es haciendo alusión o retrotrayendo aquella máxima inhumana que decía “La letra con sangre entra”, que en un tiempo fue hasta ilustración de una cartilla de la serie de Alegría de Leer, como vamos a avanzar o el gobierno actual va a educar a la comunidad.
Hago esta referencia análogamente porque imponer a través de carga de impuestos las medidas que la Medicina Preventiva debe hacer con inducción, conducción y promoción, es una medida que desprecia la ciencia, el método científico, la labor y el trabajo que en Salud Pública hacen miles de personas con mucho amor, y además, debemos saber que la prevención es definida como “la medida de oro” para salvar al mundo de epidemias y pandemias, y por tanto, tiene la más alta consideración en todos los organismos internacionales que rigen la salud mundial y que además crean los métodos técnicos-científicos para la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad.
Esas medidas impositivas van en contra del principio de la medicina que estipula que “prevenir es mejor que curar” porque abandonamos la posibilidad: de cambiar malos hábitos de vida a través de la educación, la enseñanza y la garantía del aprendizaje para que no ataquen a nuestra salud las enfermedades prevenibles; de desaprender malas costumbres del consumismo y de aprender las beneficiosas maneras de Vida Saludable como comer bien con la orientación técnica, según las Rutas Integrales de Atención que se hacen en las intervenciones colectivas.
Es ahí con esas orientaciones y esas intervenciones donde debe comenzar, o hacerse eficiente y efectivo el trabajo de cambio de hábitos, de adopción de medidas saludable y establecimiento de nuevas maneras de recrear un estilo de salvar vidas con los postulados de la Promoción y la Prevención, y no de castigar a la comunidad poniéndole cargas fiscales e impositivas, o sea impuestos que desafortunadamente golpea más duro a las clases más vulnerables, las que están clasificadas en pobreza extrema y pobreza multidimensional, sin dejar de afectar también profundamente a la clase media.
Si antes del 7 de agosto de 2022 el pueblo protestó ácidamente por el costo de vida, por la escases de empleo, por una anunciada reforma tributaria y por las condiciones de pobreza en general que lleva aliada hambre, desnutrición y muerte, a partir del 9 de agosto 2022 cuando el Gobierno nacional a través del ministro de Hacienda presenta la reforma tributaria, debemos ser consciente que se comienza a cuajar otra forma de obligar al pueblo a constreñir además de la alimentación, otros servicios y bienes, y parte de su día a día para sostenerse o sobrevivir. Es preocupante este devenir si no se mira la actual realidad social del país.
No vamos a desconocer que el gobierno requiere financiar el hueco fiscal, pero con lo que no estamos de acuerdo es que “se parta la cuerda por una de la parte más delgada” como lo es el alimento de la comunidad. Yo estoy de acuerdo que se controle el consumo de los alimentos nocivos para la salud, como son los azucarados y ultra procesados, entre varios, pero tomando medidas que no disminuyan el alicaído nivel nutricional de la comunidad; que “comer bastante pero mal”, como dice el profesor Víctor Montero en Villanueva, no sea la regla que vaya a regir la dieta de nuestros niños y adolescentes, principalmente, desconociendo el daño fisiológico que producirá el bajo consumo de alimentos esenciales para la formación y desarrollo de sus órganos y consolidación de sus funciones cognitivas.
Llama la atención que, con tantos expertos, sabios y con el alto nivel de erudición que en economía y salud pública que tenemos en Colombia, sea plasmada para su discusión por el Congreso Nacional, unas medidas tan retrogradas y lesivas para el activo más importante de este país como es la gente, y principalmente niños, adolescentes y mujeres en embarazo.
No alcanza uno a entender como cuando están redactando esas medidas para recaudar dinero por medio de impuestos, no pongan sobre los escritorios el alto número de familias que día a día tienen escaso consumo de alimentos, lo que se refleja en el alto índice de desnutrición en el país.
No alcanza uno a entender como conociendo el elevado nivel de necesidades básicas insatisfechas del país y entre esas la nutrición, puedan siquiera pensar en gravar al pueblo en el ítem de los alimentos.
Estamos de acuerdo más bien que eliminen las exenciones a los altos capitales y organizaciones que hoy gozan de ellos y cuyos valores exentos entran a engrosar las riquezas de los que más tienen. Estamos de acuerdo que se identifiquen los proyectos y programas en Colombia que pueden, con inversiones sociales, garantizar seguridad alimentaria, mejoramiento de los niveles productivos y generación de recursos. La forma de financiarlos puede provenir, entre otras, de esas exenciones que se deben eliminar. Entre esos proyectos están los distritos de riego de la Represa del río Ranchería que generaran alimentos, trabajo, riquezas para contrarrestar el alto nivel de pobreza en esta región del país y disminución de la inseguridad pública y mejoramiento de la convivencia ciudadana.
Por eso, sin tapujos, no solo causa sorpresa que el gobierno que en su campaña planteó cosas distintas, entre con estas medidas lesivas, de manera integral, a las clases más necesitadas y vulnerables.
Por favor revisen. Por favor escuchen. Queremos que le vaya bien al gobierno actual para que le vaya bien al pueblo. ¡Por favor, acudan a la educación para prevenir y no al garrote para imponer!








