La red social desarrollada por Mark Zuckerberg durante sus años de universitario en Harvard, luego de mucho tiempo, ha dejado de concebirse como una simple red de personas que coinciden en gustos específicos y otros afines multiculturales. Hoy día la plataforma ha evolucionado de tal manera, que puede lograr incidir directamente en las decisiones de las personas a la hora de adquirir productos tangibles o intangibles, explorar diversidad de oportunidades de ocio, económicas e incluso sobre decisiones de tipo políticas.
Debido a esa particularidad, el conglomerado, ahora llamado Meta (Instagram, WhatsApp, Facebook, Oculus VR, Giphy y Mapillary), gana terreno con más fuerza en todos los aspectos de la sociedad mundial, debido a la interconexión permanente de sus usuarios y el aterrizaje de teorías superfluas que se adquiere por la penetración constante del contenido multimedia en la cognición humana. Deberíamos preguntarnos entonces: ¿es Facebook realmente un canal informativo o especulativo?
Hace varios años, en enero del 2018, Mark Zuckerberg estuvo envuelto en el mayor escándalo de conspiración política en toda la historia del mundo digital (Cambridge Analítica) y por esa razón fue llamado a testificar en el congreso de EE. UU. Cambridge Analítica, es una empresa ubicada en Londres que desarrolla diversas campañas comerciales y políticas, haciendo uso del análisis de datos, con el fin de cambiar el comportamiento e incidir en las decisiones de los usuarios.
Se comprobó que, a través de publicaciones, contenidos, noticias falsas (fake new), especulaciones, se generaron debates constantes y una evasión de la verdad en las redes, hecho que pudo haber contribuido en la victoria del expresidente Donald Trump y su llegada a la Casa Blanca.
En el 2021, nuevamente fue llamado a comparecer ante el tribunal, sobre la presunta culpabilidad de la plataforma digital en el Asalto al Capitolio, específicamente por la nula vigilancia de los moderadores sobre los grupos cerrados y la propagación de la desinformación que desde allí se difunde sin control alguno.
Así mismo, la red social ha sido cuestionada en diferentes países de la Unión Europea, por la forma irregular como manipula la información de sus usuarios para favorecer a terceros. Esta práctica, ocasiona que los datos de los usuarios queden en riesgo y sean utilizados sin previa autorización para manipular la conducta humana en el mundo real.
El poder de la desinformación es latente, debido al poco control que Facebook tiene sobre las noticias que se actualizan a cada segundo, en miles de perfiles y millones de publicaciones las veinticuatro horas del día. Los usuarios ordinarios, ignoran cómo funciona el algoritmo de la red social y por ello, cuando clickean sobre un aviso de interés y más adelante, avisos del mismo tipo inundan la pantalla de su dispositivo mientras navegan entre perfiles y otras publicaciones, piensan que existe una vigilancia constante sobre ellos, pero la realidad es otra.
Facebook prioriza intereses comunes entre sus usuarios y a través de estadísticas decide qué contenido podemos ver y que puede resultar relevante para nosotros. De manera que, aunque la información tenga dudosa procedencia, resulta increíble como un gran porcentaje de usuarios se condicionan a ellas como si fueran verdaderas e incluso las difunden sin control, construyendo interminables cadenas de falsa información.
Por ejemplo, a vísperas de las elecciones presidenciales en Colombia, existe un interés oscuro en partidos políticos por modificar la intención de voto, a costa de información que podría parecer especulativa, debido a la carencia de legitimidad y poca veracidad en ella. Podemos mencionar también, casos puntuales de inocentes que pasan a convertirse en victimarios después del despliegue de imágenes editadas en las redes sociales (memes) e incluso las falsas ofertas laborales en las que decenas de ingenuos caen “redonditos”.
Lo peor del caso, es que este tipo de contenido abundan en las redes sociales y es muy difícil reconocer cuando una noticia es falsa o cuando es verdadera. Hasta ahora, la fórmula algorítmica de Zuckerberg ha funcionado y nos encontramos tan supeditados a este organismo digital, que es imposible pensar una vida lejos de un teléfono móvil en nuestras manos.
Con seguridad, existe una necesidad inminente en desarrollar un sólido juicio crítico para esquivar la ignorancia digital.








