Por: José Francisco “Mono” Cruz Zabaleta
Cuando creíamos que los semovientes vacunos que en medio de tantas dificultades hemos criado en las zonas más al norte del norte del país (territorio donde continuamente tenemos que padecer entre otros males:
Temporadas de sequía de más de 120 días, abigeatos constantes e incremento considerables de los insumos para lograr su manutención), iban a permitirnos mejorar nuestros ingresos; de un momento a otro y producto de las manifestaciones e intenciones de quienes desde el momento de ser designados funcionarios del ‘gobierno del cambio’ nos han sumido en una total incertidumbre que nos vislumbra un panorama gris que tiende a ser negro, como si el destino hubiese marcado ‘al pobre ganadero’ con el hierro quemador de la estigmatización, el abandono y la persecución constante.
Quienes diariamente producen unos pocos litros de leche han sufrido durante décadas los efectos adversos de un conflicto bélico interno que los llevó a ser perseguidos y extorsionados por los diferentes grupos al margen de la ley, delincuentes que a su antojo lograron que muchos ‘pobres ganaderos’ tuviesen que ofrendar sus vidas al resistirse a que se diera el abandono de sus predios cuando ya las mal llamadas ‘vacunas’ habían acabado con sus vacas, terneros y obviamente con la tranquilidad que caracteriza al sector primario de la economía de otros países, donde a este gremio se subsidia, se le ofrece protección y se les libera del pago de altas tasas de impuestos, lo que acá en cambio se pretende implementar en la Reforma Tributaria.
Concomitante a lo anterior, unos tratados internacionales mal negociados y sin tener en cuenta el difícil panorama del sector agropecuario, han permitido que la rentabilidad del ‘pobre ganadero’ sea irrisoria, porque sin contar de manera constante con una buena alimentación para el ganado, es muy difícil competir en el ámbito internacional en calidad, cantidad y precios, tanto de la leche como de la carne.
Tales acuerdos encontraron ‘al pobre ganadero’ con los pantalones a la rodilla, lo cual entre otros aspectos negativos ha permitido el ingreso al mercado Colombiano del lacto suero o suero lactoso que algunos comerciantes inescrupulosos han venido vendiendo empacado como si fuera leche a bajo precio, incidiendo esto negativamente en el precio interno de la verdadera leche pura para quienes la producen en nuestro territorio.
Con lo antes expuesto, se ha venido afectando gravemente la nutrición de muchísimas familias que consumen esa bebida empacada y rotulada engañosamente, sin que nadie se interese en darle solución a esta problemática que afecta la salud pública, puesto que entre otras enfermedades la gastritis se ha vinculado al consumo de esa mezcla (suero lactoso y agua), por lo cual muchas veces los facultativos que tratan a tales pacientes engañados; les recomiendan que suspendan en su dieta todo producto que contenga leche, generándose el decrecimiento ostensible del consumo del vital producto lácteo, que las nuevas generaciones han venido reemplazado por bebidas ultraprocesadas que hace rato en otros países se han venido restringiendo en su consumo porque son la verdadera causa de graves enfermedades.
Como si con lo anterior fuese poco, los terneros al destete, que al venderlos eran nuestro mayor ayuda económica hasta el mes de junio de la presente anualidad, producto del buen precio internacional del ganado cebado y exportado en pie; conseguido esto gracias a la gestión de Fedegán, desde el momento del triunfo del ¿gobierno del cambio’ se han venido desvalorizando en el último mes, como también le ha ocurrido a las tierras donde pastan los animales del ‘pobre ganadero’.
Esta pérdida de precio para el productor de los terneros y novillos se ha dado porque las manifestaciones de animalistas y congresistas sin suficiente formación, junto a las declaraciones de varios nuevos ministros que parecieran venidos de la luna, se han convertido en el mayor enemigo del ‘pobre ganadero’, olvidándose que en la reciente campaña por la Presidencia de nuestro querido Estado colombiano, los hoy gobernantes exponían que el sector agropecuario sería atendido de la mejor manera para poder redimirlo con los beneficios requeridos para “vivir sabroso”.
Antes de generar tanta incertidumbre con sus apresuradas declaraciones, le recomendaría a los ilustres miembros del gobierno que inicia su mandato, que se preocupen más bien por incluir en sus agendas de trabajo y plan de gobierno a ejecutar; las estrategias y gestión para buscarle pronta solución a la problemática del gremio que produce leche y carne bovina, que en gran parte se ubica en las diferentes zonas rurales olvidadas del territorio colombiano, donde tradicionalmente ha sido ‘el pobre ganadero’ de los pocos empleadores y generador del sustento de la mayoría de las familias que sudando la gota gorda y sin subsidios han logrado sacar adelante este negocio y proyecto de vida.
Es menester recordarles además a tales nuevos funcionarios, que Colombia posee una muy diversa geografía y topografía, porque parece que ellos creyeran que las fincas ganaderas de nuestras zonas apartadas de las provincias colombianas, todas gozan de regímenes de lluvias y suelos idénticos al del altiplano cundiboyacense, de la zona cafetera, de los cañaduzales del Valle del Cauca, y con la fertilidad del valle del Sinú, quienes además desconocen que para producir leche y cebar novillos, lo primero que necesita el ‘pobre ganadero’ son excelentes pasturas en nuestras apartadas fincas, en las cuales sufrimos durante varios meses largos periodos de sequía (de noviembre a abril ), lapso este en el que muchos de los animales vacunos mueren y otros atrasan su periodo de crecimiento y producción por falta de alimento óptimo que escasea en el verano intenso.








