Bogotá vivió una jornada histórica y profundamente emotiva este miércoles 13 de agosto, cuando miles de personas salieron a las calles para despedir al senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, quien falleció el pasado 11 de agosto, a los 39 años, luego de permanecer más de dos meses en cuidados intensivos tras un atentado perpetrado el 7 de junio en la capital del país.
La jornada inició en el Capitolio Nacional, donde el féretro permaneció en capilla ardiente, cubierto con la bandera de Colombia y adornado con rosas blancas, recibiendo el homenaje de congresistas, exmandatarios, dirigentes políticos, periodistas y ciudadanos que, sin importar la lluvia ni las largas filas, quisieron rendirle tributo. Allí se respiraba un ambiente de pesar, pero también de gratitud por su legado.
Al mediodía, una caravana fúnebre partió hacia la Catedral Primada de Bogotá. El cortejo estuvo acompañado por una multitud que formó una calle de honor, mientras el cielo del centro de la ciudad se llenaba de globos blancos. El féretro, transportado por la Plaza de Bolívar —espacio que tantas veces recorrió Uribe en su labor legislativa—, fue recibido entre aplausos, oraciones y mensajes de apoyo a su familia.
La ceremonia religiosa estuvo presidida por el arzobispo Luis José Rueda Aparicio y contó con la presencia de expresidentes como César Gaviria, Ernesto Samper y Juan Manuel Santos, así como de autoridades, colegas y amigos. Entre los momentos más sobrecogedores destacó el instante en que Alejandro, el hijo menor de Uribe, de apenas cuatro años, se acercó al ataúd y colocó una rosa blanca, un gesto que conmovió a todos los asistentes.
Durante la misa, su esposa, María Claudia Tarazona, y su padre, Miguel Uribe Londoño, compartieron emotivas palabras que resaltaron la nobleza, el compromiso y la pasión con la que el senador ejerció su vida pública. Ambos llamaron a rechazar la violencia y a mantener viva su visión de una política decente y honesta.
El recorrido final llevó el cuerpo de Miguel Uribe Turbay al Cementerio Central, lugar donde descansan expresidentes y figuras históricas de Colombia. Un fuerte esquema de seguridad acompañó la carroza fúnebre, mientras ciudadanos a su paso elevaban oraciones y despedidas. La jornada cerró con un sentimiento unánime: el país pierde a un líder que, pese a su corta edad, dejó una huella profunda en la historia política y social de Colombia.








