Pedro Arias, de 62 años, es uno de los miles de voluntarios que han respondido al llamado del presidente Nicolás Maduro para incorporarse a la Milicia Bolivariana y recibir adiestramiento militar ante lo que el mandatario considera una “amenaza” de Washington. “Si los estadounidenses vienen con sus máquinas de guerra, los recibiremos con plomo”, aseguró Arias durante una jornada en Caracas.
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En las últimas semanas, Maduro ha instado a la población civil, a reservistas y a jóvenes a acudir a los cuarteles para “aprender a disparar” y “defender la patria”. El proceso de instrucción se desarrolla en Fuerte Tiuna, uno de los principales complejos militares de la capital, en momentos en que Estados Unidos mantiene un despliegue naval en el Caribe destinado a combatir al narcotráfico, acción que el gobierno venezolano califica como una amenaza directa.
Al lugar llegan autobuses y automóviles con voluntarios de diferentes sectores: trabajadores de empresas estatales, colectivos como “motociclistas socialistas”, personal de la administración penitenciaria, de la televisión pública o de alcaldías. Algunos visten de civil, otros portan uniformes de camuflaje o prendas alusivas a sus organizaciones. Entre los asistentes se observan jubilados, adultos mayores con andadores, personas de mediana edad y jóvenes.
Desde la explanada monumental de Fuerte Tiuna, los voluntarios son trasladados a un campo de tiro, presidido por un tanque con la consigna “Independencia o Nada”. Allí, un oficial de alto rango les advierte que el entrenamiento no será como las guarimbas (protestas callejeras contra Maduro), sino preparación para enfrentar una “guerra con armas”.
La «convocatoria» ocurre en un contexto de alta tensión entre Caracas y Washington. Estados Unidos acusa a Maduro de encabezar una red de narcotráfico, mientras que en Venezuela persisten las secuelas de las protestas tras la controvertida reelección presidencial de 2024, que dejaron alrededor de 30 muertos.








