El Gobierno de Chile envió este lunes 15 de diciembre una nota de protesta formal al Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia debido a lo que calificó como declaraciones “inaceptables e imprudentes” del presidente Gustavo Petro contra el presidente electo de Chile, José Antonio Kast.
La misiva fue presentada por el canciller chileno Alberto van Klaveren, quien sostuvo que las expresiones del mandatario colombiano representan una intromisión impropia en los asuntos internos de Chile y atentan contra el respeto mutuo entre Estados soberanos.
La controversia se desató luego de que Petro se pronunciara en sus redes sociales sobre el resultado de las elecciones chilenas, en las que Kast ganó con más del 58 % de los votos. El presidente colombiano no solo rechazó públicamente felicitar al líder derechista, sino que lo calificó con términos muy fuertes, señalándolo incluso de ‘nazi’, lo que llevó a la reacción de la diplomacia chilena.
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Las polémicas declaraciones
En su declaración, el jefe de la diplomacia chilena subrayó que las manifestaciones del presidente Petro desbordan los límites del debate político y constituyen un acto impropio de un jefe de Estado hacia otro que ha sido electo democráticamente. La carta de protesta exige una explicación oficial del Gobierno colombiano y reafirma la necesidad de mantener el respeto entre las naciones.
Chile ha reiterado que sus relaciones con Colombia se basan en la diplomacia tradicional y el respeto a la soberanía, especialmente tras una jornada electoral considerada histórica en el país austral. El triunfo de Kast representa un giro político hacia la derecha en Chile, marcando una transición significativa después de años de gobiernos progresistas.
El episodio agrava un clima diplomático que ya mostraba tensiones tras los comentarios de Petro, incluyendo publicaciones en las que advirtió que “vienen los vientos de la muerte” tras el avance de la derecha en la región, lo cual también fue ampliamente debatido en redes y medios internacionales.
Analistas coinciden en que, aunque la protesta formal no implica una ruptura inmediata de relaciones, sí pone a prueba la capacidad de ambos gobiernos para manejar diferencias ideológicas sin afectar las históricas relaciones bilaterales entre Chile y Colombia, especialmente en un momento de cambios políticos en América Latina.








