En una reciente columna del economista Mauricio Ramírez, se analizan los datos del Dane en Riohacha, relacionados con el Censo Económico Nacional Urbano, la inflación y las condiciones de pobreza que indican que la mayoría de las personas trabajan, pero eso no significa que logren salir de la pobreza.
En la lectura de los datos se precisa que el Censo Económico muestra una ciudad llena de pequeños negocios: tiendas de barrio, ventas ambulantes, salones de belleza, restaurantes familiares, talleres, pequeños comercios y emprendimientos que nacen del esfuerzo diario de sus propietarios. Son negocios que sostienen a miles de familias y que demuestran la enorme capacidad de trabajo de los riohacheros.
El problema es que la mayoría de estas actividades son muy pequeñas, generan pocos empleos y producen ingresos limitados. En otras palabras, son negocios que alcanzan para sobrevivir, pero muy pocas veces para crecer.
Esto explica por qué muchas personas sienten que trabajan más que nunca, pero cada vez les alcanza menos el dinero.
A esta realidad se suma otro fenómeno que afecta directamente el bolsillo de todos: el aumento del costo de vida.
Por ello se requiere una visión de largo plazo que es lo que siempre se ha insistido en quienes aspiran y logran ganar las elecciones pero que lamentablemente parecen no entender.
El economista plantea que la capital de La Guajira necesita fortalecer a sus pequeñas empresas, facilitar la formalización, impulsar la capacitación de los jóvenes, apoyar a los emprendedores, atraer inversión privada y promover actividades económicas que generen mayor productividad.
También es necesario integrar mucho más a las comunidades rurales y al pueblo wayuú dentro del desarrollo económico del Distrito. No puede hablarse de progreso mientras una parte importante de la población continúe enfrentando dificultades para acceder a oportunidades productivas.
Los datos del Dane no son únicamente una colección de estadísticas. Son un espejo que muestra la realidad económica de la ciudad. Y esa realidad nos dice que el principal desafío no es solamente reducir la pobreza mediante subsidios o ayudas temporales.
El verdadero reto consiste en construir una economía capaz de generar empleo digno, empresas competitivas y oportunidades para las nuevas generaciones.
Riohacha tiene las condiciones para lograrlo. Lo que hace falta es convertir ese enorme potencial en políticas públicas coherentes, decisiones estratégicas y proyectos que trasciendan los períodos de Gobierno.
Porque el desarrollo de una ciudad no se mide únicamente por las obras que se inauguran. Se mide, sobre todo, por la capacidad que tiene una familia de vivir con dignidad gracias a su trabajo. Esa es, quizás, la mayor tarea que hoy tiene Riohacha.

