Editorial Diario del Norte
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¿Qué viene tras la muerte de Naín?

La muerte de Naín Andrés Pérez Toncel, alias ‘Bendito Menor’, cierra un capítulo importante en la historia reciente de las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada (Acsn), pero…

La muerte de Naín Andrés Pérez Toncel, alias ‘Bendito Menor’, cierra un capítulo importante en la historia reciente de las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada (Acsn), pero difícilmente significa el final de la organización. Ese es, precisamente, el principal desafío que ahora enfrentan las autoridades: evitar que la caída de un jefe termine convertida en una oportunidad para que otros mandos disputen el control territorial, económico y armado.

La operación del 4 de septiembre en Riohacha, en la que también murieron su compañera sentimental y dos hombres de su círculo de seguridad, fue presentada por el Gobierno como un golpe contundente contra una estructura señalada de homicidios, extorsiones, narcotráfico y otras actividades criminales. La información oficial despejó además las versiones contradictorias que circularon durante varios días sobre la suerte de Naín. Las propias Acsn habían desmentido inicialmente su muerte, antes de que las autoridades confirmaran el resultado del operativo.

Ahora comienza una etapa más compleja. La pregunta no es solamente quién reemplazará a Naín, sino qué capacidad conserva la organización para mantener sus redes, sus fuentes de financiación y su influencia en sectores de La Guajira, Magdalena y Cesar. Informaciones conocidas después del operativo ya hablan de posibles sucesores, entre ellos alias ‘Masacre’, lo que demuestra que la estructura no dependía exclusivamente de una persona.

Hay, además, un elemento que merece especial atención. El Gobierno nacional decidió recientemente cerrar la mesa de diálogo que mantenía con las Acsn, argumentando falta de voluntad para avanzar hacia la paz y la reincorporación. Con esa decisión, la organización vuelve a quedar claramente enfrentada al Estado y bajo una estrategia de persecución y sometimiento.

Por eso, sería un error confundir la muerte de un cabecilla con la derrota definitiva de una estructura criminal. La experiencia colombiana demuestra que estos grupos pueden fragmentarse, cambiar de mando, modificar sus alianzas y, en algunos casos, aumentar temporalmente la violencia mientras se define un nuevo liderazgo.

Lo que viene exige inteligencia, presencia permanente de la Fuerza Pública y, sobre todo, capacidad institucional. La seguridad no puede limitarse a operaciones exitosas. Debe traducirse en protección para comerciantes, campesinos, transportadores y comunidades; en judicialización de las redes financieras; en control de las rutas del narcotráfico y la extorsión, y en recuperación efectiva de los territorios donde estas estructuras han logrado imponer miedo.

La caída de Naín es un duro golpe para las Acsn. Pero el verdadero resultado se conocerá en los próximos meses: cuando se determine si el Estado logró desarticular la organización o simplemente abrió una disputa por su sucesión. Y esa diferencia será fundamental para medir la eficacia de esta operación en la seguridad regional. La Guajira necesita que esta vez ocurra lo primero.