Estamos en un punto crítico de inflexión. O rompemos los paradigmas que venimos arrastrando desde hace siglos, simplemente, seguimos cruzados de brazos hablando nido en las esquinas, esperando que nos llamen para comer, sin generar un solo aporte a nuestros hogares y a esta hermosa región.
La minería extractiva y bien ejecutada que nos ha entregado grandes aportes en regalías se encuentra en la mira de quienes quieren acabarla. Sus tiempos parecen estar contados. La famosa transición energética se ha vuelto discurso de seminarios, pero nada que despega. La represa del Ranchería y sus componentes tienen casi 60 años de ser promesas de políticos sin memoria. Ahora tenemos la oportunidad de ser sedes de Sirius 2, de las dos RET, pero no estamos generando un verdadero movimiento para convertir los sueños en realidad.
Por eso, sostenemos, que estamos en un punto crítico de inflexión. O despegamos, seguimos sentados, mirando como nuestros vecinos mejoran su calidad de vida, a costa de nuestros recursos naturales.
El país y el mundo nos miran con atención porque aquí se concentra una riqueza natural y cultural que, bien gestionada, puede marcar el rumbo de la transición energética de Colombia. Tenemos razones de sobra para luchar, unidos, por cuatro grandes objetivos: que Cerrejón continúe siendo motor de desarrollo, que los proyectos de energías alternativas alcancen todo su potencial, que la represa del Ranchería se culmine y cumpla su propósito, y que el departamento sea sede de la Región Estratégica de Transición, y de la RET -Región Entidad Territorial- qué reemplazará a la RAP.
Cerrejón, más allá de sus críticas, sigue siendo un pilar económico para miles de familias. Mantenerlo en marcha, con responsabilidad ambiental y social, es garantizar ingresos, empleo y estabilidad mientras el país avanza hacia nuevas fuentes de energía. Aquí no se trata de escoger entre el carbón y las renovables, sino de construir una transición justa donde convivan los recursos tradicionales con las energías del futuro.
Ese futuro está precisamente en el Sol y el viento que nos distinguen en el continente. La Guajira puede convertirse en la capital energética de Colombia y de América Latina, gracias a proyectos solares y eólicos que ya están en marcha. Con el apoyo del gobierno nacional, la participación activa de las comunidades y la capacidad de nuestra gente para adaptarse e innovar, es posible que estos proyectos generen no solo energía limpia, sino también oportunidades de progreso local.
Para alcanzar esos objetivos, debemos fundamentarlos en peticiones reales y sostenibles, que no se reclaman con bloqueos a carreteras y red férrea, simplemente se logran con la unión de todos los sectores que generen credibilidad en el Estado central. ¡Unidos lo podemos lograr!