Editorial Diario del Norte
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Elegir bien, una responsabilidad de todos

El 31 de octubre del 2027, no será un domingo cualquiera. Ese día, los colombianos elegiremos a 32 gobernadores, y a casi 1.033 alcaldes en todo el país.…

El 31 de octubre del 2027, no será un domingo cualquiera. Ese día, los colombianos elegiremos a 32 gobernadores, y a casi 1.033 alcaldes en todo el país.…

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El 31 de octubre del 2027, no será un domingo cualquiera. Ese día, los colombianos elegiremos a 32 gobernadores, y a casi 1.033 alcaldes en todo el país. A este proceso se agrega la escogencia de diputados y concejales. Gran oportunidad para elegir bien y no seguir condenados a continuar siendo incapaces de superar la brecha que nos separa de muchas regiones del interior del país.

El Caribe colombiano no puede seguir atrapado en el círculo vicioso de elegir gobernantes cada cuatro años para comenzar de nuevo, improvisar sobre lo existente y abandonar proyectos que, por falta de voluntad política o continuidad administrativa, terminan convertidos en obras inconclusas, recursos desperdiciados y esperanzas frustradas.

La transformación de esta región comienza en las urnas, pero no termina con el conteo de los votos. Elegir bien significa mirar más allá de las promesas, los favores personales, las maquinarias electorales y los discursos de temporada.

Sin embargo, tampoco basta con elegir buenas personas si las instituciones siguen funcionando bajo esquemas improvisados, subordinados a intereses políticos particulares o dependientes de la voluntad del mandatario de turno.

Hay que tener mucho cuidado para no seguir cayendo en los viejos errores de darle la responsabilidad a quienes no la tienen con el pueblo.  Se hacen elegir a sabiendas de tener dudas que posteriormente se transforman en inhabilidades, que se le cargan en costo a las regiones.

Alcaldías, gobernaciones, concejos municipales y asambleas departamentales deben convertirse en verdaderos escenarios de planificación, control y construcción colectiva del desarrollo. Para lograrlo se necesitan estructuras administrativas sólidas, equipos técnicos competentes, bancos de proyectos actualizados y mecanismos de seguimiento que permitan medir resultados, corregir errores y garantizar la continuidad de las inversiones.

El agua potable, la educación, la salud, la seguridad alimentaria, las vías, la generación de empleo, el turismo sostenible y la transición energética no pueden seguir apareciendo como prioridades únicamente durante las campañas electorales.

Para La Guajira y el resto del Caribe, el desafío es todavía mayor. Las brechas sociales, las dificultades en el acceso al agua, la informalidad laboral y las limitaciones de infraestructura exigen una articulación regional que permita compartir capacidades, integrar territorios y defender proyectos de impacto común ante el Gobierno nacional.

Rescatar al Caribe no depende exclusivamente de elegir nuevos nombres, sino de cambiar la manera de hacer política y administrar lo público. El voto consciente debe abrirles espacio a dirigentes preparados, pero también a instituciones capaces de planificar, ejecutar y rendir cuentas.

El verdadero cambio llegará cuando los gobiernos dejen de competir por el protagonismo y comiencen a trabajar por la continuidad de las soluciones. Porque el Caribe no necesita inaugurar una esperanza distinta cada cuatro años: necesita construir un futuro que no se derrumbe cada vez que cambia el poder.

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