Las dos estaciones que se sienten en esta región tropical, invierno y verano, golpean por igual a sus habitantes. Cuando en La Guajira llueve, se decreta la calamidad o emergencia pública; las vías colapsan, muchas regiones quedan totalmente aisladas, los acueductos sufren por la turbulencia de las aguas. Cuando llega la sequía, también hay calamidad, el agua desaparece, comienzan los incendios forestales y se inicia la danza de los camiones.
Siempre es lo mismo. No solo ahora, eso es un problema cíclico, que nuestros gobiernos han soslayado, porque se han constituido en verdaderas vetas que producen dinero, y aseguran elecciones para permanecer en los cargos.
En el Caribe, pero en especial La Guajira, sus habitantes viven con variadas emociones el drama de los servicios públicos. Agua, energía y saneamiento básico, consagrados como derechos fundamentales para la vida, se prestan en las peores condiciones.
Es tan grave la falta de servicios públicos, que este marco de baja calidad de vida en que se vive en la península, han servido de inspiración para componer canciones como lo hizo Romualdo Brito, con ‘Yo soy el indio’, y popularizada por Diomedes Díaz y ‘Colacho’ Mendoza; otras canciones como ‘El indio guajiro’, interpretada por Gilberto Torres y su Conjunto. El propio Diomedes, no tuvo que inspirarse mucho para componer el tema ‘El Indio’ que grabó con el acordeón de Iván Zuleta.
La mala calidad de vida, que traduce pobreza eterna, se ha convertido en paisaje, para que muchos lleguen a este territorio solo para ver, cómo en pleno siglo 21, se vive en humildes ranchitos, en donde se consume el agua de jagüeyes, que comparten con sus animales. Para los visitantes es admirable esta situación.
La Alta Guajira tiene los más elevados índices de carencia absoluta de servicios públicos. Muchos sostienen que el problema radica en la dispersión de las comunidades, que imposibilita tener sistemas domiciliarios. Bajo esa mentira se han gastado miles de millones de pesos, llevando agua en viejos camiones, haciendo pozos que se secan en tres días, abriendo caminos que son borrados por las lluvias y las brisas.
Vivimos aplicando una paradoja que no es bíblica, nos las inventamos para distraer nuestra inconformidad: La Guajira lo tiene todo y no tiene nada. Posee recursos naturales estratégicos, genera buena parte de la energía que consume el país, pero a la gente del pueblo, no se les permite disfrutarlos.
En Riohacha van a decretar la calamidad pública, que permite gastar dineros sin proyectos y soslayar los requisitos habituales que requiere la contratación estatal. Después todo se olvida hasta cuando llega la nueva emergencia. Aquí, todos parecen tener el mal de alzhéimer, porque en elecciones votamos por los mismos.