Para la gente del Caribe colombiano, ‘Coroncoro’ es un pequeño y humilde pez de aguas dulces. A este anfibio lo hizo famoso ‘La Niña’ Emilia, quien con su voz bullanguera le cantó una canción que lo inmortalizó, dejando para la eternidad el nombre de este animalito a finales años 70.
Para el presidente Gustavo Petro, ‘Coroncoro’ es un humilde pescador nacido en Gaira, un barrio de Santa Marta, a orillas del mar Caribe, que se gana la vida lanzando sus chinchorros en las aguas caribeñas frente a las playas de El Rodadero, Taganga y el Parque Tayrona.
Para las autoridades del Magdalena, ‘Coroncoro’, como se le conoce en Santa Marta, o Alejandro Andrés Carranza Medina, como se encuentra registrado y bautizado, tiene antecedentes penales, al ser capturado hace unos años luego de ser vinculado a un robo de armas, junto a varios miembros de la policía; también se le vinculó a un grupo armado que opera en esta región.
Para el presidente de los Estados Unidos, es un miembro de los clanes que se dedican a sacar drogas de las costas del Caribe con destino a su país, por lo que no dudó en atacar con misiles a la embarcación rápida con motores fuera de borda el pasado 14 y 15 de septiembre, en aguas internacionales, en donde murió Carranza Medina y su acompañante de ‘pesca’.
Verdad o mentira, hoy ‘Coroncoro’ se ha convertido en una especie de ‘Florero de Llorente’ moderno, que ha generado una histórica tensión, entre lo que hasta hace poco eran dos países amigos, que se apoyaban estratégicamente para combatir los cultivos de coca en las montañas de los Andes colombianos.
La tensión ha subido de tono, hasta el punto que el presidente Donald Trump ha esgrimido una serie de calificativos en contra de su homólogo Gustavo Petro; pero también, ha suspendido toda la ayuda económica que anualmente su país le hacía a Colombia para seguir su combate contra los cultivos ilícitos.
Las ayudas económicas estaban destinadas para apoyar los procesos de paz y justicia transicional; apoyo en la implementación del Acuerdo de Paz de 2016 con las Farc; desarrollo económico rural, sustitución de cultivos ilícitos y agricultura alternativa; fortalecimiento institucional, democracia, derechos humanos; apoyo para mejorar la transparencia municipal; Medio ambiente y conservación de bosques, biodiversidad, cambio climático, especialmente en zonas vulnerables del país. Asistencia humanitaria e integración de población migrante/refugiada; seguridad en el Palacio de Nariño.
Los efectos colaterales se sentirán con mayor fuerza en departamentos como La Guajira, Nariño, Cauca, Putumayo, Caquetá, Arauca, Norte de Santander, Cesar, en donde se libran serios combates con fuerzas ilegales dedicadas al cultivo, procesamiento y comercialización de la hoja de coca.