En Riohacha y el resto de municipios de La Guajira, abrir la llave del servicio de acueducto, sigue siendo un acto de incertidumbre. Miles de millones de pesos se han invertido en la construcción y mejoramiento del sistema de acueducto de Riohacha. En 1.994, se construyó el actual sistema, pero el agua no apareció.
La comunidad está desesperada, por eso líderes de todas las corrientes políticas, se reunieron y determinaron convocar a un Cabildo Abierto: lo que está en juego no es un debate técnico más, ni una pugna política pasajera. Es, en esencia, la dignidad de una población que durante años ha aprendido a vivir sin garantías básicas, mientras paga por un servicio que, en muchos casos, simplemente no existe.
La iniciativa que cuestiona el contrato con Aqualia S.A. ESP pone sobre la mesa una realidad incómoda: el modelo actual de prestación del servicio de agua potable y alcantarillado en Riohacha, cuya infraestructura no ha sido suficiente para calmar las realidades de una población que sigue creciendo de forma desordenada.
No es menor que este llamado ciudadano se ampare en la Constitución Política de Colombia y en decisiones como la Sentencia T-302 de 2017, que reconoció un estado de cosas inconstitucional en La Guajira. Tampoco es irrelevante que la Procuraduría General de la Nación haya solicitado la nulidad del contrato por presuntas irregularidades. Todo esto configura un escenario donde la institucionalidad no puede seguir mirando hacia otro lado.
El Cabildo Abierto representa, entonces, mucho más que un trámite democrático. Es una oportunidad para que el Concejo Distrital y la Alcaldía de Riohacha enfrenten, de cara a la ciudadanía, las preguntas que durante años han quedado sin respuesta: ¿por qué no hay agua constante en una región que no debería carecer de ella? ¿Cómo se explican los cobros a usuarios sin servicio? ¿Quién responde por los subsidios que, según denuncias, terminan en manos de ‘usuarios fantasmas’?
La participación no puede limitarse a la indignación momentánea. Este proceso exige vigilancia, compromiso y una comprensión clara de que la solución no será inmediata ni sencilla.
Lo preocupante sería que este Cabildo se convierta en un simple escenario de catarsis colectiva, sin consecuencias reales. Lo esperanzador es que, por el contrario, marque el inicio de una transformación profunda en la forma como se gestiona el recurso más vital.
En Riohacha, el agua no puede seguir siendo un privilegio intermitente ni un negocio opaco. Debe ser, como lo establece la Ley y lo exige la ética, un derecho garantizado. Y ese derecho, hoy más que nunca, está siendo reclamado en las calles, en los documentos radicados y, ahora, en la voz colectiva de un Cabildo que podría definir el rumbo de la ciudad.