Una columna apologética, pletórica de lugares comunes, perogrulladas; con sesgos machistas del rol femenino en la sociedad fue publicada recientemente en este mismo medio de comunicación con la intencionalidad de elevar a pedestales inmerecidos la candidatura de una dama a la Presidencia en representación del partido que probablemente menos valora y reivindica el rol femenino en la sociedad.
La columna ensalza la candidatura de la señora, reciente y momentáneamente ungida como espejismo del Centro Democrático; plagada de trivialidades y apelaciones divinas. Lejos de interpretar “cabalmente” la concepción de la participación e individualidad femenina, el autor inconscientemente concibe a la mujer como apéndice masculino, y no como el ser autónomo, extraordinario y fundamental en el origen y devenir de la humanidad.
Acude a una especie de prestidigitación teórica, simultanea e inconscientemente desnuda el infalible complejo uribista del “adanismo político”; trata de mezclar peras con manzanas, introduce a Santos y a Petro en la misma bolsa.
Por su escasa noción del modelo económico, político e institucional imperante por décadas, no se percata que Santos y Uribe únicamente difieren en el tratamiento o las formas ante ciertos asuntos. Por lo demás coinciden en todo. En cambio, entre Santos y Petro existen las mismas afinidades que entre Sor Teresa de Jesús y Alfredo Garavito.
Es axiomática la ignorancia del columnista con respecto a lo que plantea Petro. Prima el consabido y machacado catecismo. Hasta la ilustre periodista, correligionaria suya: María Isabel Rueda, reconoce en Petro un programa de gobierno sólido bien elaborado, sin el contenido ideológico que falazmente y con el ánimo de generar miedo le han rotulado. La misma periodista reconoce al petrismo una estructura orgánica en ascenso. El concepto de democracia usado por el escritor de marras se infiere bastante sui generis; tal vez vive en Dinamarca o Suecia; pareciera haberse ausentado “hace más de 20 años tiene una percepción absolutamente tergiversada de la realidad colombiana.
Panegírico destinado a encontrar en medio de ensayos fallidos quien haga contrapeso a Petro. Lo intentaron con Holmes Trujillo, lamentablemente fallecido, Alejandro Char, cuya opción real duró menos de lo que un merengue en la puerta de un colegio, postularon a Federico Gutiérrez quien se ha mantenido vigente con guarismos pobrísimos, jamás supera un digito, Marta Lucia deambulaba en lugares secundarios de la intención de voto, escándalos familiares enterraron sus escasas expectativas.
Propusieron la candidatura de un vástago del Líder Supremo, globo desinflado en menos de lo que canta un gallo, revivieron a Zuluaga, naufraga en aguas turbulentas con el fardo de Odebrecth y del ‘Hacker’, paralelamente surge la competencia. El Centro Democrático es epicentro de oscuras maniobras electoreras en búsqueda de ser ungido por el Gran Líder de la fémina apoteósica y exageradamente alabada por el columnista; destacada más por frases desafortunadas, estrambóticas y desfasadas que por su ejercicio legislativo. Después de Duque cualquier cosa es posible. Inclusive figura un folclórico candidato llanero.
Señor columnista, dése una pasadita literaria por el proceso de reconocimiento y encomio a la mujer por parte del Pacto Histórico, sumérjase en reflexiones sobre la lista cremallera, la tarea incesante de buscar una mujer que encabece la lista al Senado del Pacto, ilústrese sobre mujeres destacadas y pertenecientes a esa portentosa coalición político electoral y programática denominada Pacto Histórico. Le servirán de insumos para modificar su redacción machista en torno al papel de la mujer.
En su partido patriarcal premoderno, dirigido por un líder mesiánico, con corte fascista, la mujer está supeditada y adquiere alguna importancia meramente funcional.
Referencia el autor un maniqueísmo impúdico, en forma deleznable afirma ¡que los buenos son más que los malos! Por supuesto que sí, el gran dilema es definir quiénes o dónde están los unos y los otros.







