Para mi el fútbol no es solo un deporte, me resulta una vital válvula de oxígeno, medicina necesaria para que mi salud mental y corporal se mantengan en equilibrio. Y en la medida que van pasando los años, lo practico con mayor obstinación, pues como los grandes jugadores, siento que en cualquier momento me llega el retiro.
Ese domingo, habíamos tenido un gran juego que terminó con empate, fue en la cancha número uno de la sede deportiva de la Universidad Autónoma del Caribe. Es un campo inmenso, lo comparo con el del estadio Metropolitano, del verde más refulgente y parejo de todo el universo. Siempre que estoy ahí, me siento exultante. Además, el nivel del campeonato es muy bueno, he competido contra exjugadores profesionales como el ‘Piojo’ Acuña, Leonardo Rojano, Ariel Valenciano, Alan Valderrama, entre otros. En mi equipo, el delantero estrella soy yo, vamos de penúltimos, pero siempre la tiramos toda.
Y aunque en esa ocasión estaba más que justificado el tercer tiempo, (reunión postpartido con cerveza incluida), decidí irme a casa. Organicé la salida a almorzar con mi familia temprano, para así regresar con prontitud, estaba estropeado por el esfuerzo físico, anhelaba mi cama y ver por televisión algún cotejo espectacular de la jornada dominguera.
Tan pronto llegamos al restaurante, en una mesa contigua, vi como se acomodaba un solitario Jorge Bolaño, sí, ‘Bolañito’, nuestra leyenda juniorista, el mismo que con orgullo a finales de los noventa exportamos al fútbol europeo. Volteó a donde estábamos y nos saludó izando su mano derecha y ofreciéndonos una mueca de sonrisa.
Le conté a mis hijos, también afiebrados por el fútbol, quién era el personaje, lo mucho que lo admiraba y su impecable recorrido profesional. Pensamos en la foto de rigor, pero mi esposa nos mantuvo en nuestro sitio, consideraba que a la hora del almuerzo no se debía molestar a nadie.
Mientras comía, cavilé sobre lo difícil que era ser deportista en nuestro país. Cuando nos representan, empuñan la bandera con coraje y sentimiento; además del amor por la patria, están de fondo la falta de apoyo y penurias con que construyen su camino. Jóvenes humildes, en muchos casos sin educación formal, cuya mayor voluntad, por encima de la gloria, es comprarle una casa a su mamá. Rifas, bazares, ahorros, patrocinios, quedan ante la ausencia institucional. Los gobernantes siguen sin entender, que además de beneficios en la salud, el deporte es una potente herramienta de transformación social.
Terminamos de almorzar y con incomodidad me marché. Era un ídolo el que estaba en la mesa contigua. Su recorrido deportivo había sido fructífero: Junior, Parma, Sampdoria, Lecce, Modena, Cúcuta, con tres eliminatorias encima y un mundial. Mucha fuerza le hice cada vez que entró a la cancha, y ahora, después de tenerlo a mi lado, me iba sin al menos, haberle expresado mi agradecimiento por las innumerables emociones que me produjo con su forma de jugar
Pasaron los días, y en medio de una animada charla con mi amigo, buen jugador aficionado y fanático número uno de Messi en Colombia, Víctor Hugo Roa, me contó que en su equipo del Barrio Villa Tivoli, jugaba Jorge Bolaño y me dio su número celular.
“Dale papá, el lunes, nos tomamos un cafecito”, me respondió Jorge cuando le escribí. Le dije que estaba haciendo una nota, cuyo protagonista era él, que quería hacerle unas preguntas.
Me emocionó mucho la posibilidad del encuentro, preparé con disciplina el cuestionario, pero Jorge finalmente no tuvo la disponibilidad.
Me puse en la tarea de investigar sobre Jorge en internet y encontré casi todo. Cuenta en una entrevista que a los 8 años, en la cancha La Castellana en el barrio Pescaito de Santa Marta, encontró el amor por el fútbol. Hizo parte de escuelas de fútbol y veía al Pibe Valderrama como su principal ídolo.
Óscar Bolaño, el papá de Jorge, también ícono del equipo rojiblanco y campeón en los años 77 y 80, fue determinante para afianzar su amor por el Junior, tanto, que entre las voces predominantes en su casa de infancia, estaban las de Édgar Perea y Fabio Poveda a través de la radio.
Al Junior siempre lo recuerda metido en su cuerpo, por eso ‘Bolañito’ no vacila en reconocer que el mejor momento de su vida profesional y una de las mayores alegrías para su familia, fue justo cuando llegó por primera vez al equipo de Barranquilla, donde siempre usó la casaca número 6 y destacó. A Jorge nadie le regaló nada en lo futbolístico, su talento, disciplina, persistencia y coraje, lo colocaron en el sitial junto a los grandes deportistas de nuestro país.






