El retorno a la presencialidad de las actividades cotidianas que teníamos los ciudadanos antes del desarrollo de la pandemia, es la gran porfía en nuestro país, en donde quienes se oponen para que nos reencontremos en el lugar de trabajo o estudio, se está convirtiendo en las disputas bizantinas que enzarzan indefinidamente la discusión al temor y a las consecuencias del virus, pero que en el fondo no existe una razón que justifique a quienes niegan reactivarse a sus actividades cumpliendo las normas de bioseguridad y peor aún, los que están sin aplicarse la vacuna.
Sabemos que el poder económico para los capitalistas estaría por encima al derecho a la vida, pero no le encontramos justificación a la persona que razona con el no regreso al sitio de trabajo o aula de clases cuando la vemos en los escenarios deportivos apoyando el equipo favorito o en los conciertos musicales que se han dado en los últimos días.
¡Qué incompresible es la vida! Si bien es cierto que la vacuna no es la gran garantía para que las personas no se infecten, también es cierto que la vacuna ha bajado la tasa de letalidad.
Quienes seguimos diariamente las estadísticas que entrega el Ministerio de Salud en Colombia, podemos decir que las cifras de contagio presentan fluctuaciones en su positividad, porque el virus sigue rondando y mientras existan personas sin el mínimo cuidado, seguirá contaminando.
También observamos una leve tendencia a la baja en la ocupación de las camas UCI que está descongestionando las clínicas y con ella las cifras letales también se han aminorado.
Desde que tuvimos conocimiento de la presencia del Covid-19 en Colombia, progresivamente se han presentado diversas acepciones y mitos que han tenido asidero en las creencias religiosas y doctrinas políticas de cada uno de los ciudadanos que confían y desconfían del origen del virus, y ahora que nos encontramos en la etapa de vacunación, muchas personas han justificado no recibir el biológico por ideas religiosas, filosóficas y políticas, sobreponiendo el derecho a la vida por la libertad ideológica, religiosa y de culto.
La presencialidad tiene que volver de manera gradual y al momento de participar de las aglomeraciones entre vacunados, minimiza el riesgo letal del virus, pero en la medida en que el conjunto de personas cuente con la presencia de otra que no esté vacunada, pone en riesgo a quienes han recibido o no la vacuna.
Nos parece genial que en los sitios de conciertos se exija el carnet de vacunación o en las entradas de los eventos de gran concertación se tenga un puesto de vacunación, partiendo de la premisa que aún quedan muchos jóvenes sin vacunar.
En la etapa en que se encuentra actualmente la pandemia del coronavirus, estimamos que se han presentado consideraciones progresivamente paralelas entre la disminución de la letalidad del virus con el crecimiento de las variantes del SARS-CoV-2.