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Junior Santiago, barítono y artista sobresaliente en la voz romántica del vallenato

Hizo parte del Binomio de Oro y hace fórmula musical con Xavier Kammerer.

Junior Santiago, voz de barítono con matices de tenor y una cadencia prodigiosa.

Hizo parte del Binomio de Oro y hace fórmula musical con Xavier Kammerer.

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Hay voces que nacen para cantar y otras que parecen venir del cielo con el propósito de enamorar, estremecer corazones y quedarse para siempre en la memoria de un pueblo. Ese es el caso de Junior Santiago, un artista villanuevero que ha hecho de su voz un sello inconfundible, de su talento una bandera y de su humildad una de sus mayores virtudes. Hoy, cuando se aproxima el 7 de noviembre, fecha en la que celebrará un año más de vida, mi homenaje es para este gran ser humano, mi vecino, mi amigo y un orgullo musical de nuestra querida Villanueva.

Y no estoy hablando del Junior de Curramba, el equipo de fútbol que despierta pasiones en toda la costa Caribe. Me refiero a Junior Santiago Quintero Martínez, el hijo de Gloria Martínez, el muchacho de la calle 13 del barrio Las Delicias, quien desde muy temprana edad comenzó a demostrar que Dios le había concedido un don extraordinario: una voz de barítono, con matices de tenor, una cadencia prodigiosa y una nitidez interpretativa que lo distingue entre los grandes exponentes del vallenato romántico.

Junior Santiago es de esos artistas que no necesitan artificios para conquistar al público. Su voz tiene personalidad, sentimiento y una musicalidad especial. Su manera de subir y bajar en las notas, su dejo, su armonía y esa capacidad para transmitir emociones cuando interpreta una canción lo convierten en un cantante de características excepcionales. Su registro vocal, especialmente cuando interpreta en mi mayor, le permite lucir todas sus condiciones artísticas.

Sus primeros pasos en el canto los dio siendo casi un niño, recorriendo los festivales de Villanueva, El Molino y Urumita. Allí, con el entusiasmo de quien comienza a perseguir un sueño, se presentaba a pulmón abierto, regalando serenatas y demostrando que su destino estaba ligado al pentagrama vallenato. En aquellas jornadas del Festival Cuna de Acordeones comenzó a construir una historia que con el paso de los años tendría dimensiones nacionales e internacionales.

En ese recorrido inicial encontró personas que creyeron en sus condiciones y le tendieron la mano. Adrián “El Tipo” Liñán, Miguel Rosado, con sus magistrales tonadas de guitarra, Fred Quintero, uno de los coristas destacados de nuestro folclor, Robert Daza Gómez y José Granados fueron fundamentales en aquellos primeros momentos. Cada uno aportó una voz de aliento, una orientación y una oportunidad para que aquel joven soñador pudiera abrirse camino en el difícil mundo de la música.

Su talento comenzó a llamar la atención de los conocedores del vallenato y fue así como hizo fórmula con ‘Lucho’ Campillo, con quien grabó su primera producción discográfica, titulada ‘Vamos a empezar’. De ese trabajo sobresalieron canciones como ‘Abrígate’ y ‘Vamos a empezar’, que comenzaron a sonar en las emisoras y permitieron que su nombre trascendiera las fronteras de su tierra natal. Era el nacimiento de una nueva voz que llegaba para enriquecer el universo romántico del vallenato.

Pero el destino tenía reservado para Junior Santiago un capítulo extraordinario. Gracias a la recomendación del siempre recordado ‘Mono’ Vence, cuñado de Israel Romero Ospino, el inolvidable ‘Pollo Irra’, tuvo la oportunidad de conocer sus condiciones vocales. Después de realizar las respectivas pruebas, Junior ingresó por la puerta grande al Binomio de Oro de América, la verdadera academia de la música vallenata, donde compartió escenario con Jean Carlos Centeno y asumió el reto de continuar una historia musical que ya tenía un lugar privilegiado en el corazón de los colombianos.

Fueron seis años de una experiencia artística inolvidable. Junior consolidó su voz, ganó reconocimiento y se convirtió en uno de los intérpretes que dejaron huella en aquella etapa del Binomio de Oro. Canciones como ‘Quiero volar’, ‘No me resignaré’, ‘No me vuelvo a ilusionar’, ‘Cómo vamos a quedar’, ‘Déjate atrapar’, ‘Acuérdate de mí’ y ‘Solo quizás’, entre otras, permanecen en el recuerdo de quienes disfrutaron aquella combinación de voces y sentimientos. Junto a Jean Carlos Centeno, contribuyó a mantener viva la magia de una agrupación que ha sido referente del vallenato romántico en Colombia y en el exterior.

La oportunidad que le brindó Israel Romero fue determinante en su carrera, pero también lo fueron su disciplina, su talento natural y su capacidad para interpretar con sentimiento. Porque una cosa es tener una buena voz y otra muy diferente es conseguir que una canción se convierta en una emoción compartida. Junior logró ambas cosas.

En 2004 decidió emprender nuevos caminos y se separó del Binomio de Oro. Junto con José Fernando “El Morre” Romero, sobrino de Israel, conformó su propia agrupación y presentó la producción ‘Con todas las ganas’, de la que sobresalieron ‘Mi ropita vieja’ y ‘La gaviota’, esta última expresión de su propia inspiración como compositor. Fue una etapa de presentaciones, compromisos y reconocimiento en diferentes escenarios del país.

Posteriormente se unió al acordeonero urumitero Leonardo “El Nano” Farfán, con quien presentó ‘Pensando en grande’, producción de la que se destacó ‘Mi equipaje’. Una vez más, Junior demostró que su calidad interpretativa no dependía de una agrupación determinada, sino de una personalidad musical que había logrado construir con esfuerzo y perseverancia.

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