Tantos han sido los retos que ha gestionado Villanueva y en su gran mayoría de manera exitosa, que eso nos debe inflar el pecho para decir que orgullosamente hemos salido avante y que desde su poblamiento indígena o su fundación, hemos soportado todo tipo de contratiempos y ahí estamos de pie e incólumes.
Eso nos ha demostrado a todas las generaciones villanueveras que de los grandes desafíos salen los grandes héroes, y que la generosidad y el razonamiento crítico y el buen comportamiento conductual, dictan desde el presente hasta el futuro de una sociedad si actuamos asertivamente y sin mezquindades al momento de resolver y solucionar dificultades.
Hoy nuestra comunidad está en medio de una situación dolorosa, aun cuando folclórica, es de altísimo valor moral, identitario, de sentimientos y de orgullo y amor propio para nosotros los villanueveros. Todo este mar de valores y emociones se ha desatado desde cuando comenzó a tocarse como tema de conversación colectiva la suerte del Festival Cuna de Acordeones, versión 48 del 2026, y eso llegó al culmen con la obligada decisión que tomó el Consejo Directivo de la Fundación Cuna de Acordeones, de no hacer el festival de este año 2026. Ahora no sé cómo denominar esa decisión si aplazamiento, o cancelación, o postergación, pero lo que sí sé es que nos ha causado un tremendo golpe emocional, de opinión pública y trastorno a la imagen, reputación y a la confianza ganada por la Fundación y por el Festival durante las 47 versiones anteriores.
Varios son los motivos para haber tomado esa decisión, pero el que nos causó conmoción y desajuste folclórico-social es que no se le vaya a hacer a Israel Romero Ospino, ese grande, ese icono de la música vallenata tradicional, a ese estandarte arropado de verde y blanco, el homenaje como estaba previsto y dispuesto.
Esa ausencia del Festival no es un acontecimiento de poca monta. No tener esta oportunidad con un hijo emérito, grande en su arte, oficio y profesión, pero lo más interesante, por su orgullo a nivel mundial de representar a su Villanueva del alma como el hijo, artísticamente hablando, más grande como creador, diligente y virtuoso, y como el mejor acordeonero del mundo. Y no puedo dejar al lado sus bondades, y reconocer sin límites su calidad humana, su generosidad y grandeza como persona.
El componente financiero fue el implosivo de esa decisión.
Por el sismo del 10 de agosto que se sucedió en nuestro país, y ya muchos habían advertido sus probables efectos sobre la nula o escasa disponibilidad de recursos para estas manifestaciones folclóricas-culturales, se dislocó toda una gestión, que en el suma y resta de los miembros del Consejo Directivo de la Fundación Cuna de Acordeones, esos números permitían concluir que ya estaba listo, por lo menos en el papel y en ofrecimientos, ese ítem del festival, el financiero, y que al 1 de agosto del 2026, según lo planeado y gestionado, había perspectivas muy certeras de garantía, sí se cumplía lo comprometido con la Fundación por lo gestionado a varios niveles. Para información de muchos: estaba la organización del 2026 y los logros de gestión en su punto, porque así es como uno hace el festival en Villanueva, pulso a pulso, patinando patrocinios y limosneando apoyos institucionales, y llega un momento que uno se dibuja ese borrador de recursos conseguidos.
Hoy ya hay una realidad del Festival Cuna de Acordeones: no hay festival.
Esto, al comunicarlo, al hacerlo público y al abrir los micrófonos del prestigioso noticiero comunitario de la emisora Viva FM para la participación ciudadana, se ha desatado un combate e intercambio de posiciones y versiones sobre el acontecimiento, que se han planteado confrontaciones, se han hecho señalamientos y obviamente que el efecto inmediato de todo esto es el alinderamiento o constitución de muchos grupos en pro y en contra, interesados, mal o bien, en el desarrollo y búsqueda de soluciones o respuestas sobre la situación, e incluso, asomos fuertes de querer, al parecer, buscar culpables.
Una Sentencia bíblica dice que los tiempos de Dios son perfectos, y se resume humanamente diciendo que cada momento tiene su momento. Se ha aprovechado este momento para dejar entrever candidatos a la Presidencia del Consejo Directivo, previendo que se viene el cisma dentro de ese Consejo.
Ha habido también gestiones para marcar facturas con yugo político-electoral, pero también ha habido acciones sociales destacadas, admirables, como es la reparación del techo de la tarima Escolástico Romero, que fue víctima de un fenómeno natural.
Mi opinión personal es que todo en la vida tiene su momento y mejor aun cuando la acción es altruista, humanitaria y ojalá, siempre cumpliendo el precepto del adagio popular: “que tu mano derecha no sepa lo que hizo tu mano izquierda “, y más aún, cuando es solidariamente. No es cristiano aprovecharse del mal ajeno para sacar ventajas, incluso por encima del dolor o las dificultades de los demás.








