Quién en algún momento de su vida no vio la serie de MacGyver de niño; los que lo vimos nos gustaba su habilidad para transformar un clip, un trozo de alambre o cinta adhesiva en soluciones inverosímiles; la improvisación era su mayor talento. En la ficción, casi siempre funcionaba, en la vida real, no siempre, menos en las decisiones políticas.
Las soluciones improvisadas forman parte de nuestra cultura; surgen de la creatividad, la necesidad y, a menudo, la falta de recursos; es el papel que mantiene unida la silla, la cinta aislante que protege el cable, el cubo que tapa el grifo que gotea. Con frecuencia, resuelven el problema. El problema surge cuando la improvisación deja de ser temporal y empieza a sustituir la reparación y nos alejamos de la solución colectiva.
Me di cuenta de que hacemos exactamente eso con la vida; creamos soluciones emocionales improvisadas para evitar lo que requiere valentía, ocultamos la tristeza tras una sonrisa, posponemos conversaciones importantes, normalizamos las relaciones tensas y creemos que el tiempo resolverá problemas que, en realidad, dependen de una decisión, siendo autónomos independientes y con criterio propio.
Toda solución provisional tiene fecha de caducidad, no elimina la causa raíz del problema; solo pospone sus consecuencias y cuando falla, el daño suele ser mayor que si la reparación se hubiera realizado en el momento oportuno.
La misma lógica se observa en los procesos políticos que se resisten al cambio hasta que la crisis las vence, en la política muchas veces que aprenden a convivir en silencio, en las pseudo amistades que muchas veces se mantienen solo por beneficios, por costumbre y en las personas que tratan los síntomas pero ignoran el origen de su dolor. Lo que no se resuelve de raíz rara vez perdura.
Nuestra sociedad valora las soluciones rápidas, siempre estamos buscando respuestas inmediatas a problemas complejos, pero ni la vida, ni las relaciones, ni el carácter se fortalecen con la improvisación. Las estructuras sólidas requieren mantenimiento, valentía y la voluntad de afrontar lo que está roto. La Guajira tiene 61 años de vida político-administrativa como entidad departamental. En Colombia, la elección por voto popular para alcaldes se inició el 13 de marzo de 1988, mientras que para gobernadores comenzó en octubre de 1991 en este tiempo ¿cómo se ha desarrollado, cómo compite; cómo esta hoy la calidad de vida de los guajiros?
Jesús contó la parábola de dos casas idénticas, la diferencia solo se hizo evidente cuando llegó la tormenta, la que estaba construida sobre la roca permaneció en pie; la que estaba construida sobre la arena se derrumbó, el problema nunca fue la lluvia, sino los cimientos y es ahí donde no se puede improvisar para elegir nuestro próximo gobernador, alcaldes, o alcaldesas.
Quizás esta sea la pregunta que todos deberíamos hacernos de vez en cuando: ¿en qué áreas de mi vida estoy construyendo sobre bases sólidas y en cuáles solo hago reparaciones improvisadas? Qué queremos para nuestros hijos, como entusiasmamos a las nuevas generaciones. MacGyver nos enseñó que la improvisación puede salvar una emergencia. La vida, sin embargo, nos enseña que nadie construye una historia completa sobre retazos, igualmente sucede con el derecho y la decisión de votar libremente, no por el que me convenga si no por el o la que se necesita para desarrollar acciones que vayan encaminadas al mejoramiento integral de la gente.
Porque toda solución improvisada tiene sus límites, tarde o temprano, cede, y solo la verdad, el cuidado y el valor para afrontar la raíz de los problemas son capaces de construir una vida que se mantenga fuerte cuando lleguen las tormentas. El 7 de agosto inició una nueva era política de los ‘Defensores de la Patria; ¿cuándo veremos los defensores de La Guajira?, que falta para hacer el milagro de esta patria con La Guajira moderna, competitiva, la que soñamos y queremos?








